sábado, 29 de agosto de 2009

La noche fue mejor de lo que esperaba. Hubo más gente que otros días en el Mokum y la sesión no estuvo nada mal pese a no poder poner algunos de los grupos que me pidieron. Están en la lista e intentaré conseguirlo para que la pista lo agradezca el próximo mes. Es difícil jugar con los platos en el Mokum, los equipos son viejos y el público complicado, pero no por ello imposible. Me perdí el desfile de recreación histórica de Berlín en la época del Kaiser que se celebraba en la Puerta de Brandenburgo y en el Nikolaiviertel por culpa de mi salud y de los horarios, pero dediqué todo el viernes a preparar la sesión con el mayor cariño del mundo porque para mí es el apartado final de cada mes aquí en Berlín, un pequeño premio al empeño y la testarudez y sinceramente un incentivo para cargar cajas en el otro sitio donde trabajo, porque cuando estoy con la música me divierto como un niño.
Estoy bebiendo una cosa llamada Vita Cola, que es un mejunge que tomaban los de la DDR porque la coca cola no podía pasar el telón de acero y que ahora, en plena ostalgía por la industria pop de aquella época, se ha vuelto a fabricar. La verdad es que sabe a jarabe de caramelo, da la impresión de robarte la vida y tomarlo es como comerse un limón sin hacer muecas, algo complicado, pero tengo la esperanza de llegar suficientemente cafeinado al trabajo y aguantar las horas de explotación. Esto de que llueva a intérvalos me llevará a limpiar terrazas unas cuantas veces a lo largo de la jornada, pero hace que la calle huela bien. Sólo ha pasado un día y ya echo de menos el viejo Mokum, por lo que pongo unos cuantos vinilos por casa aprovechando que me he quedado con el piso vacío. Sobre las nuevas lecturas, sigo buceando en la historia de la masonería y a ratos voy disfrutando de El Principito en alemán, que compré de segunda mano en la tienda de antigüedades y va camino a ser la primera cosa que pueda entender sin dificultades dejando de lado el Berliner Zeitung. El puto Berliner Zeitung viene a ser una versión real del periódico más aburrido del mundo que de cuando en cuando soplo al repartidor al volver del trabajo, cosa que no le importa porque creo que odia esos montones de papel más que a su mala suerte. Tampoco es que valga mucho la pena, porque la típica escena de mi vida es meter los huevos a hervir, sentarme en la butaca mientras espero que el desayuno esté listo, leer las noticias y hacer ver que lo hago y al cabo de cinco minutos tener el diario completamente doblado por todas partes, desmontado y con las páginas cayendo por el suelo. Un desastre editorial como los libros que una amiga vende en el centro comercial de Alexanderplatz. Cada lunes, cuando me la encuentro de fiesta, le pregunto qué es lo que la gente ha comprado más y cuando oigo la lista de best sellers me entran ganas de ingresar en una orden monástica. Sin embargo, vuelta madonna inspiración a mi vida habrá que seguir batallando para escribir algo digno.
¿Pero tú cuántas musas tienes?
Apolo tenía nueve en la fuente Castalia, y no sé como lo hacía, porque a mí en cuanto coinciden dos en un mismo sitio ya la tengo liada.