viernes, 7 de agosto de 2009

/comentario al año del puto oso gordo

Porque nada es lo que parece, e incluso aquellas ideas que teníamos tan claras caen de forma sorprendente: en 1943 Polonia había quedado disuelta, su población sistemáticamente exterminada en los campos de concentración, pero todavía existían los restos de ese ejército tan anticuado famoso por haber intentado plantarle cara a los tanques nazis con la caballería montada en septiembre del 39 . Esa gente todavía seguía luchando a su manera apoyando a los aliados y concretamente en las arenas del Líbano y en las montañas de Hamadan, actualmente territorio de Irán. En este segundo emplazamiento, fue donde los valerosos soldados polacos encontraron a Voytekl junto al enorme cuerpo de su madre muerta, la cual habría sido abatida por unos cazadores, siendo todavía un pequeño cachorro de oso. Otras versiones dicen que el simpático Voytek fue vendido por un niño campesino a la 22ª compañía del ejército polaco libre por unas pocas monedas, convirtiéndose muy pronto en la mascota del grupo, lo cual suponía una dieta especial de leche con vodka. En muy poco tiempo Voytek cambiaría de tamaño y se convertiría en un grandullón inseparable del resto del grupo, hasta el punto de que maniobraba con ellos. Y es que Voytek mientras tuviera sus biberonazos de vodka hacía lo que hiciera falta. Era normal verlo caminando con la espalda bien derecha al lado de los sargentos o encontrárselo cargando la munición de artillería, por lo que se le acabaría dando el rango de asistente. Un año más tarde, Voytek tendría una participación destacada en la batalla de Monte Cassino cargando material para sus compañeros, consiguiendo aparecer en los periódicos de medio mundo. El Oso estaba ahí. Pero con el final de la guerra la compañía se trasladó a Escocia, donde en poco tiempo se le consideraría una auténtica celebrity. Los polacos volvieron a su patria en el 47, hartos de tanta lluvia, dejando a Voytek bastante deprimido, por lo que se retiró al zoológico de Edimburgo a aburrirse como una ostra salvo por las visitas de sus antiguos camaradas del frente, los cuales, conociendo los vicios de su compañero, siempre se las ingeniaban para pasarle cigarrillos y algunas cervezas.