sábado, 21 de agosto de 2010

Como un sueño de locos sin fin la fortuna se ha reído de tí.


La metáfora del lobo deambulando por las calles nevadas podría trasladarse hasta agosto, sorteando los adoquines, traje de raya diplomática y gafas de sol. Chicas de todo el mundo van de un lado a otro, se sientan en las terrazas, charlan animadas, ríen, coquetean, pero tu estás resacoso y te da igual a donde ir. Tienes los tranvías enfrente precipitándose al este, los balcones goteando y los cigarrillos se te escapan de los dedos.


"Mira, ahí deportaron a otra familia" descubres al levantar el pie: la placa que hay en el suelo con los nombres escritos es otro diente de oro de la gran gitana que nos parió a todos juntos dejándonos colgados en la primera esquina. Prenzlauerberg está llena de esas baldosas, como si fueran los restos del camino en la tierra de Oz y hasta al mismo espantapájaros lo ves en el retrovisor de una vieja moto con sidecar que a veces aparece aparcada al principio de la Lychenerstrasse, pero ninguna casa voladora aplasta a esa puta bruja ni ninguna adolescente con rizos nos libera de un hechizo que lo mantiene todo bajo la imagen más bella que repose tras los ojos cerrados de las estatuas durmientes.
Estamos en esa fase en la que giras por toda la ciudad con una persona en la cabeza y los fracasos en lo más hondo de los bolsillos, la náusea no la escupes sobre las aceras dejando que lo envenene todo, incluso los sueños, hasta aquellos que tienen un carácter de premonitorio.
Porque las madres han salido cargadas del gimnasio y de comprar el pan, pero en ese momento en que otra placa de oro muere pisada por mi zapato, oigo las monedas cayendo sobre la mesa pintada, oigo las propinas cayendo dentro del bote, oigo la máquina de tragaperras que mi mejor amigo reventó en un hotel de Las Vegas, oigo a Roger Waters y a David Gilmour y los viejos coches en batería lucen igual que aquel de la foto en blanco y negro donde Syd Barrett nos mira como si ya fuera a brillar para siempre, las monedas caen sobre la mesa en mi recuerdo y mi maestro consulta los hexagramas y el resultado es el mismo que sale en la primera novela de Philip K. Dick.
La jodimos quizás, pero ahí deportaron a otra familia, Y en la fachada dicen que ahí vivió un antifascista de esos que también se cargaron pero que después la DDR mitificó porque necesitaban mártires para poder martirizar a los que no pensaran como ellos y en esa calle pasaron demasiadas cosas pero las madres jóvenes compran pasteles biológicos y piensan en pollas, la pareja sentada en el bordillo vende muebles de segunda mano y discos sacados de las casas en las que a algún abuelete le ha dado un paro cardíaco fulminante. Demasiadas cosas en la cabeza para que la tinta se haya quedado tan seca.
Busco una cabina para llamar a mi maestro, pero la de la Stargarder como siempre vuelve a estar averiada. En ese momento hubiera tirado dos euros para que al otro lado del cable volviera a oír eso de "Joven ilustre, qué tal Berlín sin mí" y poder explicarle que me han dejado y que tras tres intentos me toca claudicar o abrirme la cabeza contra una pared. Pero eso ya lo leímos en el I Ching. Cerdos y delfines. Te ganas la confianza y la simpatía incluso de los que son tus enemigos, eres capaz de hacer creer. Y es el momento para lanzarse a la realización de los grandes proyectos.
Te levantas cada día y antes de dar la vuelta te dices que hoy no vas a beber. Entonces el mundo es horriblemente feo.


Te cambias a la habitación de al lado y ahora vives cerca del patio interior. La cama es el doble y está doblemente vacía, las paredes tan blancas que cuando te despiertas es como si estuvieras ahogándote en un vaso de leche. Piensas que le vas a reventar la cara a ese hijo de puta porque ya estuviste a punto de hacerlo y se largó por patas de esa fiesta. Cuando puedes mirarle a los ojos y hacerle torcer la mirada con miedo ya puedes llamarle por su nombre.

Es el tiempo de la realización de los proyectos. Pero lo de cruzar las grandes aguas lo vas a hacer solo.

Y sí, es mejor eso que putear a ese pringado, porque el ojo por ojo no me sirve aunque lo diga la Biblia. El que viene después de ti se encuentra con los platos rotos y el fregadero lleno de mierda. Y sí puedes sentirte ganador porque has perdido y el que te la clavó por la espalda tiene que salir por la puerta, entonces fantástico, pero Smoboda, sé sincero contigo y ahí empieza la verdad interior: hasta cuando podrás aguantar eso. Después de ese viene otro, y después vendrá otro. Incluso están haciendo cola, así que no pierdas el tiempo. Y ella está haciendo lo mismo contigo. Quería ser popular y ha acabado con ese trozo de carne muerta en un rincón mientras tu te estás haciendo fotos con todos, porque ahora ya juegas a su juego o has pillado eso de los peces y los delfines, pero no hay nada que disfrutar, eso es trabajo y te pagan para un show.

Cuando vuelvo de los clubs lo hago con una tristeza horrible y veo el cielo blanco y los cuervos riéndose de mi náusea contra la luz de la mañana. Pero cuando he estado doce horas trabajando para los demás y estoy sentado con mi jefa en una de esas jodidas sillas de abuela y hablamos de algo con el dinero de cada uno sobre la mesa, sé que volveré a casa casi sonriendo y burlándome de esos pajarracos que posan vacío sobre el capó de coches que salen en las portadas de los discos, pero que amanecen llenos de mierda en la Schliemannstrasse. Yo vuelvo a casa esas veces tranquilo, con una serenidad que a Leonard Cohen le costó un ingreso en el convento y llevar una pulserita de bolas bajo la manga de la camisa, y pienso en eso de "vas bien, mejor de lo que crees. Escribir cuesta y a veces se tarda años en lograrlo". Esas son las aguas. El viaje no es a ninguna parte. Es hacia el último capítulo de esa novela. Y si así estás vivo, entonces vive de esa forma, que es lo que tienes que hacer. Y en el fondo lo que mi maestro quiere oír y lo que quieren oír los que están allá en casa es eso, y si llamo mañana es para contar esas cosas. Lo demás ya sale en los hexámetros, y en el cuadrante rojo donde vivo los renglones están muy claros.


martes, 27 de julio de 2010

Ah mes amis, sé que llevaba tanto tiempo sin decir gran cosa dadas las extrañas vicisitudes de mi pasion sauvage. Pero mi dieta de cigarrillos, café y alcohol me tenía demasiado ocupado en pensar en otra cosa que no fuera mi ruptura. Podríamos decir tiempos aciagos, pero ya no me da la real gana porque le hemos concedido demasiado luto a algo que ha durado menos que el matrimonio entre Hitler y Eva Braun. Si algo he intentado hacer ha sido evitar pasar por las fases de amor, decepción, rencor, odio, desamor y olvido. Y bebérmelo todo para pasar a la penúltima o la última casilla, pero en lugar de oca a oca caí en muerte y me encuentro en la salida una vez más, esperando mi turno. Creo que este juego sería mucho más fácil de ganar si alguien le canviara las normas, porque sinceramente a estas alturas ya no lo encuentro divertido.
Enterarse que la misma noche que te dicen que no tienes ninguna chance se lía cuando te largas con la derrota a casa es más bien jodido. Y digo enterarme porque casi tengo que hacérselo confesar a uno de estos amigos que nunca lo son tanto después de coacciones, furias y casi una de las estampas más violentas del oscuro Caravaggio. Uno al final se entera de todo, pero no imaginé tampoco que sería tan pronto.
Evidentemente ellas siempre tienen razón. Cuando tú lo haces después de una separación eres un cabrón que en dos días está con otra. Si en cambio lo hacen ellas, siempre habrá un motivo.
Lo peor es que para un varón/caballerete/hombrecillo/o lo que sea, recuperar a la persona que realmente le gusta aunque lo hayan dejado tirado resulta algo prácticamente imposible. Ya puedes arreglarte, ser agradable, dar todo lo mejor de ti... nunca funciona. Sólo vuelven si creen que te has liado con otra y para sacarte todos los reproches del mundo. Al fin y al cabo siempre tendrán razón. Persuasión cero. Ni argumentos ni leches, no sirven. Y si te intentas quejar encima te dirán que sólo hacéis que discutir y cada vez más, aunque de discusión más bien poca y de comunicación todavía menos. Es la misma historia de tanta gente, porque en el fondo no hacen otra cosa que seguir el protocolo.
El problema fue salir ayer de fiesta por ser día libre y para no querer coincidir, uno se va la último lugar donde espera que aparezca algo relacionado con el tema. Una fiesta en casa de una amiga. Precisamente se abre la puerta y aparece el tío con el que se lió y al verme lo primero que hace es quedarse blanco como un yogur.
Entonces supe que era él. Pero qué cutre. No podía haber pillado a uno más chungo.
Tuvo que sentarse conmigo y se sentía tan incómodo que más que hablar parecía Hugh Grant de tanto balbuceo. La puta que lo parió.
Puedes ponerme hielo en el vaso? Realmente vamos a necesitar mucho hielo esta noche.

domingo, 18 de julio de 2010

Creo que debo ser de las pocas personas que practique gimnasia con el pitillo en la boca. Pero en mi jaula las cosas son siempre diferentes y yo fijo las condiciones. Me basto con Radiohead en la tabla de mezclas y el copal ardiendo en una esquina. Tengo el bolsillo derecho lleno de billetes que me gané a base de propinas porque ser agradable en una ciudad de rancios tiene sus ventajas, pero también tiene un precio: Al día siguiente odias a la hunanidad y te duelen las muecas de tanto sonreír cada cinco minutos a discapacitados que se las dan de cualquier cosa, menos de lo que son. El libro de Zamyatin está abierto encima la cama en substitución de las musa con medias de rejas que se ponen todos los trapos que le regalé intentando reconciliaciones efímeras después de que te cansaras de pedir vuelve conmigo. Ese es mi jarabe y así empiezo después de la ruptura. Interesante situación. Recuerdo que hace unos años leía la columna de uno de los gilipollas del jurado que tumbó la novela que presenté a concurso. El tipo creo que lo titulaba algo así como la columna del escritor divorciado. Podría más o menos exlicar de qué trataban sus artículos, pero básicamente el tío vivía de contar sus huevonadas. Curiosamente le conocí personalmente mucho tiempo después en el aeropuerto de Roma, porque nos encontramos ahí y lo identifiqué con el calvo de la foto. Yo ya venía de haberme pasado semanas leyéndome sus sandeces rollo volver a empezar y joder no sé planchar mi ropa, dónde coño está mi mujer... en la época en que trabajaba en una comisaría y teníamos los periódicos de los policías siempre tirados en la sala de descanso, porque se da la circunstancia de que llegué a trabajar en un sitio de esos, pero en realidad lo que más hacía era dedicarme a corregir capítulos en el ordenador. Así que cuando me encontré al notas en el aeropuerto tenía ganas de decirle "Oye, realmente eres tu el capullo que me jodió la novela? pero tu has visto la mierda que escribes? La madre que te parió cabrón". Pero en lugar de eso le dije que había participado en el concurso y que me jodieron en la tercera criba, cuando ya quedaban ocho y bueno el tipo ni se acordaba de lo que yo había escrito porque ni se lo habría mirado. Ahora le diría que si yo tuviera una columna sobre un escritor separado/dejado/viudo le habría fundido las letras con cosas que son de verdad. Almenos podría aportar algo nuevo al asunto. Pero la época del resentimiento ya pasó y creo que le diría, "Ey, como llevas lo de las lavadoras, voy a participar en otro certamen pero antes quiero asegurarme de que no estés en el tribunal, cabroncete", porque las sornas de Cecco Angioleri son cosas del pasado anterior y la verdad es que no me he acordado de él hasta hoy, porque por culpa del tema este me cuesta hablar de algo que no sea eso y me doy cuenta de que si lo pasara al papel yo no escribiría sobre jodidas melancolías a la portuguesa sino de como un tipo se levanta de una puñetera vez y se enfrenta contra aquello que le hace daño. Ahí está el punto. Es de las pocas cosas en las que la gente del lugar del que vengo tienen mucho que enseñarme: Los catalanes son una de las pocas culturas que desde siempre se ha dedicado a hacer de la mierda oro y yo ya he plantado el árbol y los hijos no los voy a tener hasta que no les pueda dar algo mío que puedan leer algún día, así que estoy en ello, y los libros veo que salen de verdad siempre después de los grandes naufragios porque una vez hechos rescatan a su vez a las personas que se ahogan. Esto es una cadena: te salvan Dante y George Orwell y tu salvas a fulanito de pura potra porque no sabes ni quién cojones es y con algo que ni hiciste pensando en eso, pero en ese momento se lo encontró y le diste mejor compañía que la de sus conocidos. Y ya estás en el club, en el de los imposibles.
Así que escribes nuevos borradores. Sacas hasta la última gota de tinta y acabas rayando el papel. Siempre hay copas medio vacías y todos los retratos de Mucha que le gustaban tanto a ella con los que decoraste todo tu cuarto te miran. No hace falta ninguna inspiración. Tan sólo contar cosas, mezclarlo todo y no pensar tanto. Esto ya no es ningún ejercicio de retórica. Lo hago para mí. Cada vez que abres la ventana y miras lo que pasa en la calle no puedes evitar pensar algo así como: almenos estoy contento con lo que hago, me da todo igual.

Algo así le he explicado a Gunnar, que sin mover ni una ceja ha escuchando atentamente todas mis ideas de un nuevo trabajo con el que realmente me desahogo pero en el que transformo el pesar en algo increíblemente vital. Me quedo con que lo vivido ha sido extraordinariamente grande y termina por ahora aislado dentro de una caja con una música atronadora y un desenfreno literario como si se tratara del trabajo en una explotación fabril, pero es genial, porque sigue el curso correcto, y es por ahí donde tiene que ir y no por ningún otro sitio.

sábado, 17 de julio de 2010

Ante las altas temperaturas y los últimos acontecimientos, mi dieta consiste en seis tazas de café y dos paquetes de cigarrillos diarios. El resto lo pone el enjuague bucal. La subida de sueldo ha sido paralela a la de los problemas, pero podríamos decir que un libro que buscaba desde hacía tiempo me ha salvado el culo y se ha convertido en un buen compañero de viaje.
La ola amarilla me pilló en lo más bajo de la Schönhauser Allee mientras me encontraba berlinenando hacia ninguna parte en concreto y quedé bastante aplastado por cierto, porque esta ciudad no está preparada para el calor, la calle parecía deshacerse como caramelo fundido y mi tensión pegó la misma bajada que sufrieron las bolsas españolas, es decir, que se fue a tomar por saco con una facilidad pasmosa y terminé por reciclarme en uno de esos autobuses sauna que te devuelven a casa deshidratado y odiando a todo ser viviente. Los berlineses están estupefactos y no hablan de otra cosa que no sea el tiempo, porque del mundial prefieren no acordarse y de esta manera uno no puede ir a ninguno de los lagos a darse un baño poque se encuentra que hay cola para meterse entre hierbas y lodo.
En el trabajo todavía es peor, porque los clientes sólo quieren sentarse en las terrazas y en cuanto toca cerrar se ponen de los nervios e intentan tirarte una silla encima. Los yonkis de la plaza andan muertos de sed y ya no piden un euro sino que lo exigen de mala manera, la cocina se ha convertido en un lugar para infrahombres y las propinas han pasado a ser algo del pasado, porque no hay dinero.
La jornada del 10 de junio en Berlín fue bastante emotiva. Las "senyeres" ondearon alrededor del reloj de la Alexanderplatz y la protesta se realizó sin ningún accidente. Altas temperaturas pero mucha concordia. Los alemanes, como siempre, hicieron ver que lo entendían todo. En casa me esperaba el balcón, unos cigarrillos y las mismas fachadas con árboles atiborrados de pájaros y mujeres preñadas paseando por debajo sin hacer nada más en todo el día. Cuando salgo del barrio siento que estoy fuera de la realidad virtual.
Precisamente fue el Doktor el que me sacó del cuarto para llevarme a uno de los putos lagos que hay cerca de Bernau. Según él por ahí no habría casi nadie. Así que salimos disparados en su coche mientras el paisaje se transformaba en un amalgama de verdes que oscilaban en el aire. Como en las película, todo con sabor a libertad y música alegre. Yo estaba por cortarme las venas. Llegamos a un charco enorme con unos árboles achaparrados y unos juncos cerca de la orilla. El Doktor y su novia se fueron directos al agua. Yo me quedé sentado con las gafas de sol fumándome un pitillo pensando en largarme. Al cabo de media hora me harté y me quité la ropa. Me puse a nadar un rato, pero si he de ser sincero, me sentía bastante gilipollas ahí enmedio flotando como una rana intentando no amargarme.

Porque todo era genial y todo se ha ido de golpe a la mierda.

El libro llegó ayer de la mano de mi otro compalero de piso, Gunnar. Otro que me deja. Al final es definitivo y se larga para Dinamarca para terminar la carrera que dejó a medias. Se ha hartado de repartir pizzas con la moto y lo entiendo. Yo me quedo con su cuarto y a partir de agosto tendremos nuevo coinquilino, un chaval que viene para dos meses, lo típico.
Es una de las obras de ciencia ficción más preciadas de todos los tiempos: el "Nosotros" de Zamyatin, que es algo difícil de encontrar porque en su día el estalinismo se ensañó hasta lo imposible con la obra de este autor, desterrándolo de las letras rusas como pasó con tantos otros autores que se desmarcaran de las pautas marcadas por los círculos oficialistas. Creo que es una buena época para detenerme en sus páginas.

miércoles, 7 de julio de 2010

jueves, 10 de junio de 2010

viernes, 28 de mayo de 2010

Los hermanos Sass

Si los hermanos Grimm vivieron reformando la lengua alemana y escribiendo cuentos de hadas, los hermanos Sass fueron la pareja de delincuentes más célebre del Berlín durante los violentos años 30. Su epopeya, que se resume en tiroteos, butrones y asaltos a las cámaras acorazadas más inexpugnables, es tan memorable como la de sus contemporáneos americanos Bonnie Parker and Clyde Barrow, los asaltadores de bancos que durante la Gran Depresión se convirtieron en héroes por parte de los millares de ciudadanos que de la noche a la mañana se habían visto expropiados de todo.

En Alemania las cosas eran todavía incluso peor, puesto como algunas veces ya he comentado, la gente incluso empaperaba la casa con los billetes de la República.
Los hermanos Sass se habían criado en las inmediaciones del barrio obrero de Moabit, en lo que después sería Berlín occidental. Ambos trabajaban de mecánicos en el mismo taller de reparación de viejos autos en condiciones bastante malas hasta que la extorsión que ejercían las pequeñas bandas locales sobre el pequeño negocio los puso con la soga al cuello. Entonces pasaron a adoptar métodos tan poco convencionales como contundentes, entrando a golpe de martillo en el floreciente y turbio mundo de la criminalidad que se adueñaba de la vida en la capital de la República de Weimar, encontrándose al cabo de muy poco completamente inmersos en ajustes de cuentas contra los que envidiaban su rápida escalada criminal, puesto que en poco tiempo los Sass habían reventado de forma limpia las cajas fuertes dotadas con los mejores métodos de seguridad con una facilidad pasmosa gracias a su habilidad con las herramientas. Desvalijaron bancos y masacraron a la competencia. Sus aventuras han sido llevadas al cine en diferentes ocasiones, la última en 2001, pese a que su final es distinto, pues en el film los Sass son cosidos a tiros por las brigadas pardas de la SA como represalia tras el el veredicto exculpatorio por el robo de los fondos del partido nacionalsocialista. La escena final en la que ambos hermanos ruedan por las escaleras cuando están esperando el coche que los tiene que llevar hasta Hamburgo para embarcar a Kopenhagen, en realidad no sucedió. Los Sass se fueron a Kopenhagen en cuanto los nazis tomaron el poder, pero la policía de ese país los registró y los enviaron a Alemania, donde les cayó una sentencia de 13 años en el campo de concentración de Sachsenhausen, que es el que se encontraba en las mismas afueras de Berlín y que serviría de modelo para todos los demás campos que se empezaban a construir. Ahí aguantaron hasta su defunción el 27 de marzo de 1940, asesinados por el que más tarde se convertiría en el comandante de Auschwitz, Rudolf Höss.





Sobre los Sass existen numerosas leyendas, tanto por la bravonería del mayor, al que le gustaba codearse con la alta sociedad y aocstarse con las mujeres de los financieros, como por las extravagancias del pequeño, que tenía por costumbre comprar montones de zapatos debido a que siempre había tenido que andar casi siempre sin suelas y tenía pánico a que algún día volviera a quedarse sin calzado. Circularon también algunos chistes, como el de quienes fueron los peores criminales en cuanto Hitler llegó al poder: S.A.S.S. (las S.A. y las S.S.).
La película la recomiendo, por supuesto. Ha sido de las pocas veces que el gordo del videoclub me ha felicitado por lo que le alquilaba. En cuanto a la casa donde nacieron, se puede visitar hoy en día si se va a la Birkenstraße 57, pero hay que ir a la vivienda trasera que hay más allá del patio, porque su casa, como la de tanta gente de aquí, no daba a la calle. Algunos de los bancos en los que robaron todavía existen, tanto físicamente como la institución. La sucursal del Deutsche Bank que hay cerca de su casa fue la primera que atracaron. También asaltaron el Dresdner Bank de la caller Budapest. En Kleiststrasse 23, ya en Wittenbergplatz, lograron su mayor hazaña: los dos millones y medio de Reichsmarkt del partido nacionalsocialista. A los que les apetezca algo más gastronómico y más céntrico, entonces les recomiendo que se tomen un café en el lugar donde los Sass se encontraban con las celebridades del momento. Ni más ni menos que en el Lutter & Wegner de la Gerdanmenmarkt, uno de los puntos más postaleros de esta ciudad y para muchos una de las plazas más bellas de Europa. Los que hacen los tours turísticos os explicarán muchas cosas de las dos catedrales gemelas, pero aunque os lleven a comer algo en el Lutter, no se les ocurrirá explicaros que ahí estuvieron los Sass de copas con nocturnidad y alevosía.

sábado, 15 de mayo de 2010

Forgotten Pub/Cuentos de Prenzlauer

A veces, los guerreros de la belleza se construyen sus templos en garajes llenos de polvo. Allí se entrenan para matar al Leviatán.
Madame H.

Como dije en el capítulo anterior, me despedí de mis monstruos en la parada del tranvía, pero éste hizo el recorrido inverso, hacia un sector de la ciudad que en realidad no conocía. Iba cargando las radiografías y los pasajeros parecían ilustrados en tinta negra igual que en los viejos cuentos infantiles, rostros exageradamente grandes y curvos como los raíles que giraban en torno la cuadrícula de edificios. Al bajarme en la última parada un negro tocaba el piano al lado de una alcantarilla mientras ocho títeres en fila le hacían los coros. Nunca supe que el teatro para locos estuviera al sur de la sinagoga, es más, seguramente había sido todo un sueño como tantas de las onirias que se suceden en este cuadrante, pero Pasolini ya me advirtió cerca de Monbijou que los poetas son los únicos que pueden hablar de la decadencia a través de la fábula.







Y si escribí algo peor que a Contrapelo, fue porque en la larga huída del infierno no encontré a Virgilio en ninguno de los recintos, sino al autor de la divina mímesis filosofando con un cínico Antonin Artaud sobre universos apocalípticos y comportamientos delirantes.

- Lo ves? -Me decía Pier Paolo, aprén de Cartago y escribe algo así en "Irreverencia" y verás lo cerca que llevas la vida a los mortales.
- Las llamas. Las llamas - me recordaba Artaud como si no me hubiera aprendido la lección- el fuego que arde pero que no se consume.
- Y esta música ? Y el puente cerca de Hakescher Markt? - pregunto sorprendido.
- Oh ya lo conoces- me comenta Antonin - Ahí está el local donde empezaste hace más de un año. Y al otro lado...bueno, eso también lo conoces, porque te habían hablado de ello, pero creo que todavía no estuviste ahí.
- Eso es como la casa de Merlín
- interrumpe Pier Paolo- Siempre aparece en el lugar que menos imaginas.
- ¿Entonces eso es el...?

Basta con que mires el letrero.
Así que cruzo Monbijou y la isla de los museos. Las arcadas de Hakescher Markt aparecen semidesiertas con sus ladrillos rojos. Fornidos prusianos empujan toneles de cerveza que hacen bajar por una rampa hasta el sotano de lo que sería el típico pub que te encuentras en una de las callejuelas de Edimburgo cercanas a la royal mile. A mi izquierda el mimo se queda erguido, el bombín sigue en el suelo esperando que le lluevan monedas con las que comprarse otra botella, pero al verlo me di cuenta de que traicioné la causa por la que él luchará hasta que su pudra de frío en alguna de esas arcadas de Berlín o al lado del carrusel de Montmartre, quien sabe, pero antes de ponerme a ver como los expresionistas pintan su cadáver y extrañe la Barcelona anarquista que nunca conocí, me meto dentro del Forgotten Pub, casi a tientas mientras mis ojos se acostumbran a la poca luz deleitándose con el brillo de los cuadros antiguos que reflejan los mitos artúricos en la pared de la izquierda mientras a mi derecha unas vitrinas contienen un montón de libros polvorientos con títulos de los que nunca había llegado a tener idea de que pudieran existir y que parecían prometer grandes historias, la mayoría dignas de ser contadas en los cafés como hacían todavía los rapsodas serbios a principios de siglo o como hacía mi maestro Fernando cada vez que encontraba el momento perfecto.
Al hombre del bar ya lo había visto de niño dibujado en las baldosas de una bodega catalana. Aparecía al lado de un porrón, el mismo bigote y el mismo pelo negro reluciente peinado con la raya enmedio, pero aquí estaba limpiando jarras de cerveza y con un ojo bizco, pero me reconoció.
- O vaya, por fin usted por aquí. Pase, se va a alegrar de verle.
Era como encontrarse dentro de un sello de colección. No sabría como decirlo. El caso es que en el trastero se amontonaban todos los objetos y sentada en el tocador, Madame H. encendía su boquilla mientras hacía una nueva pausa a sus lecturas. Un papel doblado era dejado en el joyero donde según parece guarda todos los secretos que la gente le cuenta, pero al parecer jamás escribe los nombres. - Me alegro de saludar a una vieja amiga.
- Me alegro de volver a verte.
- La verdad es que tampoco sé muy bien lo que debería decir. No esperaba que fuera a encontrarte aquí, la verdad.
- Ya te dijeron que este bar tiene muchas puertas, por qué nunca creíste que pudiera haber una cerca de ti?
- Siempre tengo la sensación de no saber muy bien lo que está pasando, pero al final prefiero mirar a otro lado por no querer insistir más y me pierdo la mitad de todas las cosas que me hubieran podido servir de ayuda, pero la vanidad...
- Ah la vanidad...mi querido amigo, al fin la asumes.
- Creo que no me queda más remedio. Madame, ya véis con que facilidad he acabado asemejándome a esos personajes que tanto criticaba, el mismo desprecio por ellos es el que me ha llevado a igualarlos.
- A sobrepasarlos, incluso.
- A sobrepasarlos... también. En fin, he dado muchas vueltas y no he conseguido gran cosa. Aún.
- De nuevo la vanidad, Smoboda... En fin, sé que si vienes aquí vienes para acabar haciendo lo mismo que todos los demás. Vienes a buscar algo perdido, no?
- Bueno en realidad podía venir a encontrar muchas cosas, pero creo que mejor que se queden donde estén. Llevarlas conmigo sería arruinarlas.
- Eso es lo que crees tú.
- De todos modos siempre quise tomarme una copa en este sitio. Ella también estuvo una vez aquí, verdad?
- Sí, pero de eso sabes que no podemos hablar.
- Cierto. De todos modos veo su máscara: es la que cuelga ahí. Conozco esa máscara porque era su favorita.
- Así es, Nihm.
- Tu y yo la conocíamos y eso fue un regalo. Ninguna mujer pierde una parte del rostro y eso que está ahí es mucho más que un objeto y más que una sombra, era algo que formaba parte de ella.
Empiezo a servirme una copa de la botella de cristal translucido.
- ¿Y qué has estado haciendo?
- He intentado escribir. En realidad he bebido bastante. Bueno, era como viajar todavía más, una forma de ver los palacios del pretérito a través de las mentes de personas muertas. Es un juego peligroso, lo sé, pero yo lo hice porque buscaba una belleza superior. La vanidad. Otra vez. Llegar donde no hubiera llegado nadie. He estado encerrado en un largo sueño en la lejanía del monte purgatorio imaginándome dentro de los libros que ella no pudo escribir, pero de los que tanto me hablaba, tan sólo con la esperanza de ser capaz de continuarlos algún día para que no quedaran perdidos. Pero por ahora no he logrado hacer nada. Las palabras siguen arrastradas por las corrientes del Lete. - Libros... Precisamente aquí hay un libro que sé que es para ti. Este es el objeto que en el fondo venías a buscar. Los cuentos son importantes. Tú mismo lo has dicho. Incluso has dicho que muchas épocas de tu vida parecían un cuento.
- Sí, es verdad. Lo digo cuando todo me recuerda mucho a alguna historia. Entonces es cuando empiezo a comprenderla de verdad y el cuento pasa a gustarme, porque soy de los que no les gustan esas historias idiotas, pero después me doy cuenta de que en su día no lo supe leer bien, porque.. sabes una cosa? nunca se me ha dado bien escuchar a los demás.
- ¿Entonces querrías este libro?
Y veo como Madame H me pasa un volumen que me resulta familiar, unas tapas viejas que se caen a trozos, unas ilustraciones preciosas, mi lengua materna llena de anacronismos.
- Gracias Madame.- Y después de acabarme la copa le digo muy seriamente - No quiero ser un muñeco toda mi vida. Y estoy cansado, muy cansado. Creédme.
Madame saca una última bocanada de humo. Todo se desvanece como en un sueño. El libro no está al lado de la cama ni en ningún lugar del cuarto. Yo había estado poniendo música toda la noche en la Prenzlauerdead party. Personas amontonadas bailando, los discos amontonándose encima la mesa y los compacts entrando y saliendo, el volumen inauditamente alto, el clima de puro fervor. Fantástico. Llegué a casa arrastrando la maleta cuando ya se había hecho completamente de día, me quito las botas y me tiro encima la cama con toda la ropa puesta. Al despertar Gunnar hacía rugir la máquina de café, estaba lloviendo y el libro no aparecía por ninguna parte. Tampoco existe ningún Forgotten Pub, o más bien sí que existe y todos vamos a él alguna vez a contarle las cosas a la misteriosa Madame H cuando lo necesitamos o buscamos algún objeto que con los años terminamos dejando en el olvido, pero el Forgotten Pub normalmente no se ve. Fue una mañana muy fría.

jueves, 13 de mayo de 2010

No temas: El médico me ha dicho que eres tan bello por fuera como por dentro.
En mi vida había visto unos análisis tan perfectos: Todas las pruebas indican que mi salud es muchísimo mejor de lo que estaba en Barcelona y que puedo quedarme tranquilo. Me despedí de mis monstruos en la parada del Tram casi enfrente del Tacheles, esa muela picada que vivió tiempos mejores cuando se las daba de comunidad artística, hoy un recinto para que algunos pijos desaliñados tengan sus talleres de escultura de hierro colado al aire libre o puedan drogarse entre burdas pinturas, butacones llenos de mierda y música chill out. Al otro lado las cúpulas doradas de la sinagoga, empotradas en la famosa calle donde la noche deja que las golondrinas se posen en el bordillo. Al fondo la eterna torre de la televisión, eterno espejismo de lo que fue la capital del futuro socialista. Los fantasmas veían como su tiempo expiraba igual que la fecha de un contrato de prestación de servicios y optaron por disgregarse de la misma forma que habían venido, cansados de si mismos. La ciudad por una vez tenía luz propia, incluso en lo más profundo del gris. Porque ya lo ves Smoboda, la ciudad te devuelve lo que te quita, así es Berlín.
Subes al M1 sin poder disimular la alegría en el rostro, te tomas tu tiempo hasta llegar a casa, te cruzas con tu compañero de piso que está haciendo el reparto con el uniforme de los que lo explotan y le recuerdas que tenemos una lata nueva de café.
Yes man, coffee and cigarrettes, that's the secret.
Iggy Pop.
Intentas entender lo que dicen los periódicos. Comentarios sobre las elecciones en el nudo industrial entorno a Düsseldorf y llave de vuelta para el gobierno de Merkel, los ataques en las guarderías en china y la psicosis creada para que aumenten los efectivos de seguridad en un país donde el descontento empieza a verse en acciones criminales que hasta hacía poco eran propias del mundo occidental. Pero al fin y al cabo, los chinos llevan casi 30 años con un sistema sanitario privatizado y con un gran número de escándalos. A los locos los encierran sus parientes en un cuarto o incluso en jaulas, porque no pueden pagar ningún tipo de atención. Los que están solos simplemente son bombas en potencia que acaban legitimando la acción coercitiva de un estado famoso por ser uno de los más represivos del mundo y en donde la vida apenas es considerada. Sin embargo son el gran gigante económico pese a que los pies los tengan de barro. Los periódicos sólo son manchas de tinta donde se dice sólo lo que se puede decir y un montón de asalariados se comportan con profesionalidad, pero sin profesión, puesto que sólo son media workers y la verdad es que me cansan bastante, pero por otro lado sé que no deberíamos acostumbrarnos a vivir demasiado despegados de ellos. Es más saludable olvidarse de la tarjeta o de la basura que te pasa la tele o que circula por la red, pero actualmente ya no sé lo que significa la libertad y todos los que presumen de ella me parecen más esclavos que los demás, porque acaban haciendo no sólo lom ismo que el resto de los mortales sino que lo hacen peor.
Por norma deberíamos a empezar a pensar que todos estos seres alternativos se convierten en gente sin alternativa.
Esta noche es la fiesta Prenzlauerdead, tantas veces anunciada. Algunos ya me han dicho que montarla en festivo es arriesgado, sobre todo cuando todos trabajan al día siguiente. Y yo respondo: ¿quienes son todos y desde cuando aquí trabaja alguien? Sólo conozco turistas, estudiantes, desempleados y camareros que en cuanto terminan el turno o el aburrimiento termina con ellos se cogen la gran borrachera antes del amanecer. Otros me han dicho que la competencia es demasiado fuerte y quiero pensar que toda competencia es concurrencia. Somos una opción más. Eso ya es un valor seguro si los que vienen salen contentos. Si esta fiesta sale más floja, la próxima será mejor, pero es la primera vez que estoy tranquilo y no me matan los nervios. Llevo días preparando nueva música y tengo muchas ganas de ponerme delante del mixer.

viernes, 7 de mayo de 2010

Esta fue una de mis series favoritas. El fascinante mundo de Francis Urquhart, tan grandioso como bajo, el espectro de una sociedad opulenta a través de los ojos de un político resentido que se propone hundir a su propio partido con el objetivo de convertirse en el Primer Ministro de la Gran Bretaña. Realizando una astuta jugada tras otra, esa mente fría y sin moral alguna subirá peldaño tras peldaño a través de su perverso savoir faire y su buen conocimiento de como comportarse en política, demostrando que todo es como un inmenso castillo de naipes, capaz de venirse abajo con un parpadeo, mediante un sólo golpe sutil.



Noche de perros.
No hay algo que perjudique más el carácter de los berlineses que los constantes altibajos de un microclima que ha sido ya varias veces objeto de estudio, porque tiene de todo menos constancia. Caballeros, estamos en pleno mayo y hay que volver a poner las estufas. Los versos escáldicos ya hablaban de tres crueles inviernos como preludio del Ragnarok y los catastrofistas, que en la capital alemana forman una auténtica legión no paran de comentar que en el 2012 la supernova va a acabar con todo y que los mayas eran unos tíos muy listos porque lo han calculado mejor que Nostradamus y San Malaquías. Además todo el mundo sabe que desde que murió Michael Jackson, seguramente por saber demasiado, las cosas ya no volverán a ser lo que eran.
Pero el caso es que por desgracia esta noche solamente he encontrado locos y gilipollas a lo largo de la línea M1, es decir, desde Prenzlauer al centro y eso me ha hecho pensar.
Ayer ya la lié bastante intentando sacar una butaca de mi habitación en la que había más pulgas y polillas que en las posadas de los cuentos de Marcel Schwob. Y lo hice porque organicé una cena con un montón de comida y no sabía donde meter los platos y la gente y además tenía que ser todo perfecto y lo que no podía ser era tener una butaca más grande que la puerta atorada en mitad del cuarto y del pasillo mientras la olla hervía y el horno estaba al rojo vivo, el teléfono sonaba y yo pensaba que iba a ser el fiasco del año hasta que a base de golpes y patadas el puñetero trasto salió de ahí y lo arrinconé contra la puerta justo a tiempo para apagar los fogones y contestarle a Gunnar que me llamaba para que usara su espacio. Los invitados llegaron cinco minutos después de que tirara la butaca por las escaleras y que esta se estrellara en el rellano contra la puerta de la guardería que hay en la planta baja, y al ver aquello me comentaron que la gente estaba muy mal dejando los muebles de cualquier manera por el edificio como si aquello fuera un campamento gitano, a lo que contesté que sí, que tenían razón y que menuda vergüenza de gente y que bueno ya se sabe que aquí todo el mundo recoge cosas de la basura pero que eso de dejarlo todo por ahí tirado tampoco era plan, con lo que les ayudé a cargar los trastos y al cabo de un rato tuve la casa a tope y aquello pareció Londres, porque había tanto humo que ahí nadie veía una mierda. Gunnar llegó más tarde y me felicitó por haber tirado la puta butaca y yo le contesté que fuera a la cocina a traer más vino, entonces todos comimos hasta no poder más y nos pusimos a hablar de cosas aburridísimas y que no le importan a nadie como la huelga general en Grecia o la miseria de sueldos que se cobran aquí en comparación con Francia. En cuanto nos pusimos a charlar de clubs y de música, las chicas pusieron cara de menudo coñazo que nos habéis montado y os odiamos porque preferiríamos hablar entre nosotras de pollas o de los ridículos que podéis llegar a ser en lugar de aguantar las chorradas estas de la política, Dj's y la puñetera música, con lo que al cabo de un rato se marcharon todos y quedaron un montón de platos sucios en el fregadero mientras por la ventana ya empezaba a entrar el aire gélido con el que me he levantado esta mañana. Bajando con el M1 rodeado de vejetes silenciosos y viendo que volvíamos a estar como en marzo, me encuentro que la ciudad volvía a ser una película en blanco y negro sobre la guerra fría. En cualquier momento el tipo que se sentaba delante mío se habría girado y hubiera tenido a Orson Welles diciéndome eso de "cuando se viaja solamente existen dos clases de emociones: el aburrimiento y el terror" guiñándome el ojo. Así que me bajo una parada después y me voy al médico como quien tiene que pasar por el confesionario.

Como siempre con un miedo atroz. Debería decir que aquí los médicos parecen funcionarios del registro: apenas levantan la vista del formulario. Evidentemente después de diez minutos de sala de espera quise levantarme para largarme del sitio porque estaba ya blanco como la leche y a punto de que me diera algo, y es eso que te lo piensas y te dices "no, hoy no", pero la persona que te acompaña te mira sin creerse lo que estás haciendo y ya estás como Jordi Pujol respondiéndole "ara no toca" y joder si tocó, porque la enfermera ya me estaba llamando para pasar por la consulta y yo quería arrojarme por la ventana como cuando algunos se enteraron que habían construído el muro y les tocaba la zona chunga.
- Oye no seas niño.


- Por qué no? Los Rammstein con lo cuadrados que están se ponen a llorar en el dentista.
- ¿Tu eso de donde lo has sacado?

- Lo sé porque la practicante es amiga mía y los ha tenido ahí. Eso pasa siempre con los tíos que son tan machos, que a la hora de la verdad siempre se deshinchan...



- Qué cojones pintan los Rammstein aquí, quieres hacer el favor de entrar?

En esos momentos mi cara había pasado del blanco a la mutación de un yogurt. Incluso perdí todas las fuerzas y no, no quería entrar. De golpe me vi otra vez pequeño y con los pantalones cortos, el peinado ese cutre de cacerola que llevábamos todos los niños de la era parchís y sólo faltaba mi madre diciéndome que si me dejaba poner la vacuna me compraría un click de playmobil o un coche de Lego. Qué fácil era la vida cuando Torrebruno era nuestro mejor amigo. Años después te lo tienes que pagar todo, vas de culo todo santo el día, te enteras que la mitad de los de Barrio sésamo han acabado yonquis y estás en una ciudad donde todo el mundo tiene mala leche y está tan hecho polvo como la economía española. Un desastre, vamos.


El médico fue muy amable, pero al darme la mano casi me desmayo porque ya había hecho demsiado entrando en el despacho y contesté que sí a todo aunque entendiera la mitad y claro quisieron sacarme un montón de pruebas, pero cosa curiosa, ha sido la primera vez que voy a un sitio a hacerme la revisión y lo primero que me dicen no es " ¿Y cómo se llama usted?Ah muy interesante... Bájese los pantalones por favor, le voy a tomar la respiración". Así que salí de ahí más cadáver que otra cosa después de dejarme sacar unas cuantas garrafas de sangre y bueno, la cara de Buster Keaton la he llevado el resto del día, me he puesto a hacer playlists de música indie para cuando me toque pinchar en un local poppie y después fui a recoger más flyers y a hacer el reparto. Entonces volvió a llover y sólo había gente rara. De noche salen los bichos.Una chica pelirroja estuvo mirándome fijamente durnate todo el trayecto en la U Bahn. Al bajarme, bajó conmigo y me paró en mitad del andén para preguntarme como me llamaba y decirme que era muy guapo. La última vez que alguien me dijo algo así fue porque se pensó que yo era una chica, así que no cuenta y evidentemente ésta estaba mal de la cabeza, porque me dijo que quería ir conmigo y yo llevaba un paquetón de flyers que pesaba como una vaca en brazos y le dije que no, que muchas gracias pero que no. Entonces me siguió diciéndome que no podía dejarla ahí en mitad del andén y me acordé que una vez dejé a una chica tirada en mitad de un andén y que en otras dos ocasiones me dejaron tirado a mí, con lo que no estaría mal que algún día hiciera el empate contra el otro sexo, pero yo le dije que no la conocía de nada y que la vida no es como las películas, entonces se puso a llorar y yo ya veía que eso iba a acabar muy mal por lo que dije adiós y me fui escaleras arriba mientras me gritaba. Reparte los flyers que yo te espero aquí. Eso sonó como esas historias japonesas de mujeres locas que de viejas siguen esperando al primetido que nunca volvió en el mismo banco del parque o en el portal de casa.


La vida tiene cosas siniestras. Berlín es siniestro por antonomasia.

Tino Casal ya dijo eso de noche de perros por la ciudad entre el frío de la lluvia glacial. Y curiosamente la escribió en cuanto le dieron de alta del hospital en el cual se quedó aislado del mundo.

La temperatura seguía bajando y la gente iba haciendo cosas más raras.

En el Sage club, que no es otro que el famoso Kit Kat club que sale ne todos los reportajes pero que una vez a la semana ponen rock y no hay nadie en pelotas ni hay travestis que te aten en la cama mientras suena tecno, había otro repartidos de flyers que se había quedado en la puerta. Evidentemente me dejaban entrar, pero sin los flyers. Puñetera gracia. Todo Berlín está en el Sage los jueves. Hay tres pistas, tiene el morbo de ser una fiesta normal en el local del Kit Kat y la música está bastante bien. Pero los flyers se quedaron en la puerta, así que yo también. Entonces doy media vuelta, cojo la U8 para bajarme en Rosenthaler y hacer el cambio con el tram. Hay una mujer tan obesa que no cabe en los dos asientos. Su barriga es como la de un gran buda que no ha llegado a ninguna revelación más interesante que la bola de caramelos que devora sin respirar. Un viejo marica con un pañuelo gris en el cuello le pega bronca a una mujer mientras se lava unas gafas redondas y se retoca las puntas de un bigote que brillaba de tanta cera que le había untado antes de salir de casa. Una pareja de empapaba la mitad del vagón andando de un lado para otro y al salir a la superficie un grupo de ocho góticos me piden los flyers pensándose que hay descuento. Una vez en la Rosenthaler, algo familiar, los chinos que comparten su restaurante con los turcos que hacen Döners en la otra parte del local, el vendedor de periódicos con un montón de marcas de tabaco en las estanterías y los hostales de los que salen adolescentes borrachos que terminana vomitando en alguna acera. Me desvío a la Torstrasse y me meto en el CCCP. Dejo unos flyer y vuelvo a ver a la camarera que esta vez tenía una compañera nueva, española. Vladislav está mirándome con la misma cara asesina de la última vez hasta el punto que creí que era una foto, porque estaba sentado en la misma silla y llevaba la misma ropa que hace dos meses. Al salir voy a bordo el M1 en dirección al país de los juguetes y serpenteamos Prenzlauer comiéndonos en medio minuto la Kastanien Allee.







Me bajo dándome cuenta de que sólo hay gente rara, punks pidiéndote dinero, ancianas encorvadas cargando bultos en carritos de la compra y perros pulgosos. Y cerca del primer quiosco de currywurst que hicieron en el barrio, coincido con Gunnar cruzando el paso de cebra. El tío volvía del trabajo y su rareza le devolvió un poco la normalidad a la atmósfera, pero él también coincidía con que tan sólo se veían tipos extraños.

martes, 4 de mayo de 2010

"Quiero tener al hombre más poderoso del mundo, aún si tengo que cruzar el océano por él."
Basina de Turingia

lunes, 3 de mayo de 2010

Flores y lluvia. Me levanto y meto en un sobre el dinero del alquiler.
Y ella ha vuelto.

domingo, 2 de mayo de 2010

Held der Arbeit. Las tantas de la madrugada.
La calle está barrida, los árboles llenos de pájaros, las llaves tintineando en el fondo de los bolsillos, las piernas cansadas de tantas horas de pie... lo de siempre. Ya no es algo que sea tan nuevo. Luego duermes en el sofá y oyes unos ruidos. Es Gunnar, que está viendo unos vídeos en la cocina. Inevitablemente nos ponemos a hablar de como celebran el uno de mayo en Grecia. La pregunta que ayer todo el mundo me hizo es a cuantas manifestaciones fui, porque las hubo de todos colores. Lo que pasa es que tenía turno de noche y sabía que tendríamos el bar a petar. En Grecia en cambio, hubo una auténtica batalla campal con la policía y los manifestantes pegaron fuerte porque ya no estaban para tantas tonterías. Gunnar, que viene del paraíso neoliberal en el que no hay ejército porque le lavan el dinero a todos los demás, se quedó un poco chocado por la contundencia de la masa, pero debería saber que normalmente es ésta la que recibe las hostias y que todo ese despliegue de cuerpos de seguridad no era para darles la bienvenida ni para contenerlos. Lo del trabajo digno hace tiempo que pasó a la historia. Lo de estar orgulloso de ser un trabajador es una mentalidad que cayó con el muro, incluso antes, por lo que tampoco pueden esperar demasiado de la masa. Había que dejarla tranquila y drogada, aunque eso tuviera un coste enorme. Pero cuando personas sin escrúpulos llevan el país, el mío y el tuyo probablemente, entonces la avaricia rompe el saco y el saco se rompe de verdad. Yo me pregunto qué se esperaban. Hay una prórroga para arreglar las cosas y se confía más en las instituciones que en las empresas, que han demostrado ser lo que son, algo mucho más peligroso que la masa, porque ésta última casi nunca despierta, sólo en raras ocasiones y para hacer un daño terrible contra todo lo que encuentre, son momentos en que el sistema se resetea a un precio alto, seguramente con sangre de inocentes. A nadie le importarán una mierda los griegos, ni los antiguos ni los modernos, hasta que los problemas no solamente han llamdo a la puerta de casa sino que ya los tienes en el recibidor. Entonces poco se puede hacer. Recuerdo que hace años cuando se hizo algo para acabar con esos encuentros de foros monetarios, G8s y demás fraudes pagados con dinero público, patrocinios de las petroleras y otras empresas dedicadas a lucrarse con los conflictos creados, un vecino mío de profesión banquero esperando su prejubilación, miraba los disturbios de Génova por la tele (lo poco que pasaron, porque la verdad fue mucho más cruda) gritándole a los policías para que golperan más fuertes a chavales que tenían la edad de sus hijos como quien está animando a su equipo de fútbol. Muy bonito. Hoy el dinero se ha evaporar gracias a esos mismos, los hijos no podrán ni jubilarse y tendrán trabajos de mierda, medicamentos más potentes para pasar las depresiones e inmigrantes a los que odiar. Una masa drogada durante tanto tiempo está enferma y es inútil, pero no es imprescindible. Al contrario. Estamos perdiendo todo aquello por lo que se luchó. Estoy viendo como algunas ideas empiezan a arraigar en todos los estratos sociales: la decadencia de las sociedades se debe no a la vanidad sino a ciertos vicios que han acarreado la descomposición de la familia: abortos, bisexualidad, enfermedades de transmisión sexual, como los griegos y los romanos, aunque nadie tenga ni puñetera idea de lo que hicieron esa gente durante tantos siglos, pero para muchos estaban siempre follando en grupo y vomitando y diciendo que los dioses no existían... de esta manera, Spengler y otros secuaces, más que filósofos pasan a ser profetas y todo lo que sea regresión ya no es algo tan mal visto. Puritanismo e imperalismo son manifestaciones de grandeza, porque el pasado está olvidado y somos libres de culpa, por lo que se puede volver a algo que por no conocer se idealiza porque las ideas son indestructibles mientras exista mente.
En los años 30 los primeros de mayo fueron siempre violentos, porque en sociedades que no eran participativas esa jornada constituía la válvula de escape de un descontento real, pero ese carácter se había ido moderando con los años porque ne cuanto la gente tiene el filete en la mesa ya no tiene porqué ser tan combativa y al final era un día libre o de fiesta y no se reivindicaba más. Políticos y sindicatos se hacían la foto y esas cosas, pero hay que aceptar que en un día así hoy por hoy algunos quieran lanzar piedras. El problema no es ese sino el no haber querido escuchar a nadie y haber preferido darle el dinero a los bancos a controlarlos y penalizarlos. Se ha puesto claro que hay una justicia para los pobres y otro para los ricos y que el Estado no es árbitro sino cómplice a cambio de poder seguir ocupando una silla casi simbólica desde la que te echan los perros porque las corporaciones quieren a los Estados sólo para eso, para que ellos no se ensucien las manos sino que se las ensucie la soberanía nacional, esa que es aplastada en cuanto se altera por ver que ni pincha ni corta y lo paga todo. Por eso mismo no suelo decir que los serbios son malos por haber hecho eso ni los alemanes fueron muy malos ni los rusos todavía peores. Incluso intento decir que los americanos pese a ejercer de superpotencia tampoco son malos. Son una gente tan presionada por unos medios controlados por pocas manos y toda una industria recreativa como lo podamos ser nosotros. Y tienen las mismas voces críticas que nosotros y la misma poca influencia que podamos tener nosotros. Porque los excesos de sus líderes empresariales e instituciones no nos pueden llevar a meterlos a todos en el mismo saco. Ya les gustaría a esos que comen juntos en las cumbres que nos matáramos entre nosotros, porque encontrarían el modo de hacer negocio también con ello. A mi me sabe fatal lo que está pasando. Puedo levantarme del sofá porque mi compañero de piso está viendo como en Grecia se enfrentan a la policía y les prenden fuego. Creo que eso debería servir para que los que están arriba empezaran a ceder un poco y a exigir responsabilidades a aquellos que no las están satisfaciendo y que siguen especulando, ahora ya con las industrias primas, y beneficiándose de un modo grotesco. Si ven que en las calles se empiezan a repartir palos deberían poner freno a eso, pero lo que harán será poner medidas de seguridad y control porque si no lo hacen los otros los sacarán de la silla.

sábado, 1 de mayo de 2010



Sí, la chica que viene los domingos y pide una copa de vino. Esa es Paula. Ella es la que canta esto que suena ahora, pero 10 años después.


Así es la vida. Cada vez que voy a mirar discos de segunda mano me encuentro con carátulas donde no me parece conocer a nadie. Y me pregunto donde debe estar toda esa gente de las fotos, porque me imagino que deben estar como Paula tomando un vino por ahí, bastante amargados y quizás recordando demasiado la época en que sonaron en la radio o tenían un nombre. La mayoría de músicos que conozco no llegarán nunca a ningún sitio. Demasiadas cosas en juego, poca originalidad y menos fuerza de voluntad. No voy a poner demasiadas esperanzas en algo que no me va a beneficiar para nada.


Anoche fue la Walpurgisnacht, que entre muchas otras cosas, es también el cumpleaños de mi gato. También la fecha que Himmler eligió a posta para su suicidio, porque creía que... bueno dejémoslo. Y en la Walpurgis, aparte de un montón de rituales paganos de raíz céltica que por aquí tanto se llevan, otros estuvieron trabajando. Nos comimos un alud de gente inaudito, bastantes cumpleaños, borrachos salidos de una cadena de montaje, grupos de tardoadolescentes con un montón de dinero y complejos y turistas de la Easyjet que nos han visto en el catálogo mientras se abrochaban el cinturón y despegaban rumbo a la ciudad cool.


Terminamos a las tantas y más, jodidos por unanimidad y con una fuerte sensación de asco compartido. El uno de mayo lo trabajamos también. Y mañana una vez más. Veo al tío del videoclub desde la ventana tomándose algo en la terraza del Film café. Ese trabaja los siete días de la semana y se ha tomado tres de vacaciones por primera vez desde que abrió el sitio. 3 días sin Dvd's o mirando el último hasta saberme los diálogos de memoria. Creía haber visto todas las pelis relacionadas con Berlín y el muro, pero que ingenuo, no me di cuenta de que el cine alemán está lleno de títulos relacionados con Berlín, el muro y todo lo que pasó después. Además existe toda una filmografía sobre la DDR para nada despreciable, porque hacían películas que tenían su gracia, pero hay que tener en cuenta de que aquello fue una dictadura muy represiva, con lo que había que partir del hecho de que todo lo que salía de ahí pasaba por censura y más censura. Por suerte los dictadores de ese satélite soviético no tuvieron demasiadas pretensiones artísticas porque estaban demasiado ocupados persiguiéndo y haciendo desaparecer a aquel que tuviera ideas distintas a las del partido, y es por eso que no existe ninguna versión alemana de esos bodrios ibéricos llamados "Raza" o "Fuerza", escritas por alguien que le gustaba practicar la caza y fabricar pantanos, y podemos decir que en la DDR a veces se llegó a hacer buen cine con aquello que les dejaron hacer y que en España bajo aquel Caudillo por la gracia de Dios también si uno se pone en serio a mirar. Pero el caso es que estoy en Alemania y me interesa ver todo lo que se ha hecho aquí sea de un lado o del otro.

Unos van a conciertos, otros se pasan el día de fiesta y yo me paso por la videoteca y las tiendas de discos de segunda mano. Cargo cajas de cerveza para permitírmelo, incluso trabajo un primero de mayo, cosa que va en contra de mis muy pocos principios. No sé a cuanta gente le da todavía por leer cuentos. Los cuentos son muy peligrosos si los escuchas demasiado, porque entonces nosotros nos acabamos comportando inconscientemente como bellas durmientes y o príncipes calzando zapatos, pero si no los hemos escuchado todavía puede ser peor.

Un amigo mío estuvo de tour por Italia poniendo música en distintas discos. Se fue con un par de mudas y el portátil con toda la música dentro para cuando tuviera que trabajar. El caso es que se encontraba en Venecia, una ciudad llena de magia hasta el punto de haberse convertido en un hechizo borrado por miles de turistas que algún día dejarán esa joya bajo las aguas. Ahí mi amigo empezó a leer Pinochio, una historia que ya conocía de cuando era niño, pero nunca había leído el libro. Y quizás porque en Venecia hay demasiados títeres y máscaras, se decidió por adquirir un ejemplar en inglés de la obra maestra de Carlo Collodi. Lo primero que me escribió fue: "aunque nos pueda resultar extraño, se trata de una obra mucho más oscura de lo que a simple vista parece". Y le doy la razón.


Siempre he dicho que Berlín es ese lugar siniestro donde los niños llegan impresionados. Esa imagen del hombre con el carro recogiéndolos y todos apuntándose contentos. Ese tú no te subes? No seas idiota, vamos al país de los juguetes. Pinochio estuvo ahí con su amigo Espárrago y yo estoy en Berlín con mi amigo Gunnar. Es el mismo sitio. Un día algo te alerta de que esto es peligroso. Tienes un sueño horrible, en el que pierdes todos tus dientes excepto los incisivos. Te duele todo el cuerpo como si te hubieran arrancado de un vientre y despiertas gritando. Pinochio despierta con las orejas de burro y se da cuenta de que han sido engañados y que van a pasar el resto de sus vidas sirviendo de ganado.
Deberíamos leer los cuentos o evitarlos?


En la versión original la Caperucita muere violentamente, la sirenita fracasa y se transforma en espuma, el soldadito de plomo arde y Pinochio es ahorcado por sus innumerables faltas.



La cosa como siempre consiste en leer bien.
Al principio la mujercita negaba que fuese el Hada de los cabellos azules; pero después, viéndose descubierta y no queriendo continuar más tiempo la comedia, terminó por darse a conocer, y dijo a Pinocho:


--¡Bribón de muñeco! ¿Cómo has podido acertar que era yo?
--¡Es por lo mucho que te quiero!
--¿Te acordabas de mí? Me dejaste siendo niña, y ahora me encuentras hecha una mujer.


Capítulo XXV. Pinocho promete al Hada ser bueno y estudiar.

Después del cuarto café parece que todo vuelva un poco a la normalidad. En una hora vuelvo a trabajar y esta vez con la gorda. Sobre la gorda estoy escribiendo algo que no dejará indiferente a nadie: Siguiendo los consejos del Doktor, estoy apuntando en un cuaderno aparte las cosas relacionadas con Berlín y el lugar donde trabajo. Lo que el Doktor no sabe es que inevitablemente también tengo que hablar de él y hasta del tío del videoclub. Creo que de por si son todos personajes mucho más interesantes que mis cortesanos del siglo XVIII o los héroes de ese mundo distópico que estoy escribiendo bajo el nombre de Heroica.

El contador va bajando y empiezo a ponerme la ropa del trabajo como si fuera un uniforme. Camisa militar negra pelo engominado hacia atrás, colonia, y música para los minutos cruciales. Habrá que sonreír, hacer ver que eres más feliz que los demás, tomarse las cosas con mucha filsofía y esperar a la vuelta para escribir unas frases más en el cuaderno y a la mañana siguiente quizás algún capítulo, pero lo más importante, el plan para este mes, que va a ser bastante interesante.














Esta es la canción más perversa que he oído en los últimos años.

miércoles, 28 de abril de 2010

Ya me han dicho que hoy me va a tocar cargar el doble de cajas.

Y no me importa. Mañana seré libre. Y escribiré el sueño de la metrópolis.
Me han llegado unas fotos de Nueva York con una chica perdida en Central Park al lado de la liebre de marzo, el sombrerero loco y el lirón. Parece que ayer estuvo tomando el té y pronto va a empezar a cruzar el espejo. Y hace calor, me han explicado la historia de la pirámide negra de Potsdam y las locuras de Federico Guillermo de Prusia, hereero del Grande pero pequeño de espíritu. Así que ahora a batallar abriendo botellas de cerveza y preparando bebidas a tiempo récord para estos teutones. Hay fútbol y habrá follón. Pongo la música a todo volumen apurando los últimos minutos. Este barrio es una jaula onírica y se que me esperan todas las estaciones al lado de una persona, que el Doctor también vuelve el mismo día y vamos a celebrarlo haciendo un Grill en un balcón o en el parque, porque todo va a mejor para los chicos de la Schliemannstrasse, tenemos nueva música y hasta hemos recuperado viejas canciones que ahora suenan distintas,
Pero the time is over hasta la próxima tregua.
A batallar y a no rendirse.

martes, 27 de abril de 2010

Varias cosas entre otras: La muerte de Juan Antonio/I'm a Dj/Boheme Sauvage/Daniel Brühl/El nuevo Flyer

La muerte de Juan Antonio. Conversación en el WZ

- ¿Qué piensas de la muerte de Samaranch?

- Bueno, era franquista. Una vez incluso le dijo a Franco que le perdonara por ser catalán. Mamó de la teta todo lo que pudo tirándose pedos en la cara de los demás. No sé, creo que lo del deporte hizo que los que nacimos después no tuviéramos ni idea de lo hijoputa que llegó a ser el viejo con nuestros viejos. Pasa un poco como Dalí o con Pla, que de catalanes tuvieron poco porque se pusieron del bando de aquel que aplastó nuestra cultura, pero irónicamente esa gente son los grandes embajadores del país, y con un morro impresionante. ¿Mira, sabes una cosa? Pujol y los otros tuvieron que fabricar héroes ahí donde no había.
- Ya pero lo de las olimpiadas y tal, tampoco te pases, no?
- Lo de las olimpiadas y el chasco de la Expo fue el último pelotazo antes de que el PSOE dejara de comer caviar. Del Cobi ya nadie se acuerda y Curro se fue al Caribe. Que quieres que te diga. Sí que fue muy bonito porque la gente se volcó y los voluntarios hicieron lo que hasta entonces no se había hecho nunca en un evento de estos, pero las entradas no había quien las comprara y nosotros vimos lo de la antorcha por la tele y luego encima tuvimos que pagar la fiesta porque de un día para otro te sale el Solchaga diciendo que se acabó el pastel y que a devaluar la moneda. A mí que la palme el Samaranch me deja bastante igual: hizo lo que le dio la santa gana y acabó en el hoyo como todos. Bien por él, pero que no esperen que me caiga de coña, porque no.




I'm a Dj. I am what I play
La persona que me ayudó a proveerme de vinilos para ponerlos en su discoteca hace cosa de un año ya me alertó que si entraba en primera línea me acabaría topando con toda la mafia. Después de haber estado ayudándole y de ver como le hacían la vida imposible, decidí no meterme dentro la escena buscándome la vida en otra parte, cosa que tampoco fue muy sencillo. Los Dj son gente complicada, hay demasiados y la mayoría no meten música en ningún sitio. Y están bastante cabreados. Otros con tal de tener una parcela ni cobran y hasta pagan por meter la música. El caso es que quieras o no, vendrán a ver lo que haces, hablarán mal de ti a todo el mundo para que no vayan a tus fiestas y los foros se convierten en un lugar peor que el Teleindiscreta o los programas del Canal 9. Al final prefieres no leerlo e ir a la tuya.

Un día te dicen "si esta fiesta ha funcionado, deberías hacer más". La haces, pero eso es tiempo que no te pagan, unos cuantos dolores de cabeza y muchos nervios en el estómago. Porque la gente que le gusta mi música es de lo más voluble: igual te llenan el local como no se presentan. Y entonces los que te pagan te piden cuentas. "Os dije que son gente jodida". Sin embargo algo me salvó el culo, porque a partir de la una de la noche aquello se puso a petar y la cosa fue un éxito, tanto que "los otros" quisieron meter también la música ahí, donde nunca hubieran invertido nada porque nadie creía que ahí se pudiera montar gorda.

Evidentemente la cosa se ha puesto seria. Ahora comparto el calendario con la camarilla de expertos que no les cabe la casa de discos, k7s y compacts y que llevan 14 años en esto. Ellos por el hecho de que en principio dirigen esto se han comido los días y me han dejado con mi fiesta una vez al mes. Veremos si son capaces de llenarlo todos los jueves. Es posible que ahora en Berlín el jueves se convierta en lo que hace cinco años eran los viernes y en lo que ahora está dejando de ser el sábado. Hablo solo del rollo goth. Era un momento de cambio y la gente estaba harta del siempre lo mismo. Ahí lo tenemos. Los lunes en Duncker y los jueves en Dazzle. Y la escena concentrándose en Prenzlauer. El famoso K17 cada día más vacío, mi amigo Armando luchando desde un sitio minúsculo llamado U5 para que Berlín deje de ser la puñetera excepción en toda Alemania y conseguir que exista una escena de EBM, mis amigos Jorge y Venus tienen una pequeña Batcave cerca de Frankfurter Allee y mi ídolo Mark Splatter ha montado la Warsaw en el Bang bang, pero al ser un sitio tan turístico se dedica a meter indie y pop. Sólo por eso los darketos ya lo han crucificado. Más o menos todos tenemos nuestro(s) sitio(s), así que hemos pasado de ser invitados a residentes y sólo por eso ya estoy muy contento, porque ha costado. Ahora se trata de ver si somos capaces de conservar algo así, porque ya han empezado a tirarse encima. Así que... estamos en guerra.
Boheme sauvage


O la fiesta del año. Seguramente lo encontramos fantástico porque íbamos demasiado borrachos, a lo locos 20's. Más o menos la cosa queda en eso. Una vez te pones a ver las fotos ni las chicas eran tan guapas ni todo era tan fenomenal como parecía. Y para variar salgo peor que el rubio de los Rolling stones, porque aunque intente todo lo contrario al final siempre da la impresión que sea el que esté más hecho polvo del grupo. Sin embargo fue una auténtica danza en el ojo del volcán. Una sala legendaria, un montón de gente vestida de charlestón bailando el fox y viendo películas mudas entorno a una decoración de art decó, un bar de absenta con sus cucharas reglamentarias y mesas de póker, ruleta, black jack... Nunca he visto a zorras tan elegantes sentadas al lado de travestis tan altos, ni a humoristas chistosos haciendo el número en cualquier sitio mientras de fondo sonaba Nat King Cole Trio. Tampoco me he comido tantos flashes en mitad de un pasillo camino a la sala de fumadores, ni he llevado los bolsillos tan llenos de billetes falsos excepto cuando de pequeño jugaba al Monopoly. Todo muy bizarre, auf jeden Fall, pero divertidísimo. Nos arruinamos de la manera pertinente, hablamos de las cosas más absurdas, estuvimos al lado del gramófono y terminamos bailando. La noche anterior estuve poniendo música en mi querido Mokum hasta las seis de la mañana y venía de vender libros en la Friedrickstrasse, con lo que a fin de cuentas apenas ni había dormido ni dormí, porque al mediodía ya estaba quedando con una chica que me gusta y estuvimos mirando vinilos de segunda mano en una tienducha de Prenzlauer y de estación en estación terminamos en un parque de Kreuzberg y de ahí a casa de su mejor amiga, cuando decidimos lanzando una moneda al aire que nos íbamos para la boheme sauvage. Y eso quiso decir arreglarse en un tiempo récord con algo que nos permitiera a los tres pasar, porque ahí tienen un dress code estricto hasta el absurdo. Así que al final eran las cinco de la mañana y estábamos en la Meistersaal bailando unas canciones larguísimas a puntos de caernos del cansancio y le dije que aquello parecía la película aquella en la que la gente tiene que aguantar el máximo de tiempo en la pista sin desfallecer mientras todo el mundo se desmaya y los que aguantan más se llevan el premio y hay gente que se muere y otra que se vuelve loca y todo lo hacen porque es la época de la Gran Depresión y hay demasiada hambre y participando ahí almenos te dan comida en cada pausa, pero es un auténtico infierno. La calefacción estaba al máximo y la atmósfera estaba tan tórrida que la música de Benny Goodman se deshacía en cada nota. Mi amigo Armando que tuvo problemas para entrar y se dejó todo el dinero en la entrada se sumó al grupo y al cabo de poco ya estaba igual de reventado. Había un par de shows, pero nosotros estábamos en otra honda. Cuando la chica del burlesque se quitó la ropa oí a unas chicas comentando que les gustaría poder tener aquellos pechos. No sé quien pidió más champán. El caso es que creo que todo el mundo estaba flotando y que los tipos que salían en aquellas películas mudas que proyectaban en una de las paredes tenían mucha más vida que nosotros, pese a llevar unos cuantos años muertos, menuda poca gracia.


- Ich will nicht fliegen nach New York.
- Bleib mit mir.

Y otro flash del fotógrafo de la fiesta y un conocido del Duncker salió de la pista con su novia encorsetada después de habérselo montado delante de todo el mundo y una pareja de viejos bailó frenéticamente con una alegría indescriptible.

Quo vadis, Smoboda? Na toll.

En esa Meistersaal estuvieron los estudios Hansa, donde Bowie hizo el "Heroes" junto a Brian Eno y Robert Fripp, Iggy Pop "The Idiot" y el "Lust for Life", Einstürzende Neubaten, Nena, Nina Hagen, Nick Cave, Depeche Mode, U2... todos hicieron algunos de sus mejores trabajos ahí.


En el aire volaban algunas plumas de boa. La chica de los tirabuzones iba cogida de la mano de la que se había pintado un bigote. El tío grande vestido de marinero que trabajaba en la puerta hacía una pausa apoyado en la barra, como si volviera de una gran travesía. Y nosotros bailábamos la misma canción sin darnos cuenta de que habían puesto ya siete.


"A girl should be two things: classy and fabulous!"

Coco Chanel

Al cabo de unas horas ella volaba a Nueva York, yo llevaba otra vez la bandeja con una cara de por favor quiero dormir y los clientes pidiendo sin parar como si no existiera el mañana. En mi cabeza los nombres de las estaciones, el sonido de los raíles y al final del tunel Al Bowlly cantando "Midnight with the stars and you" como si la niebla de la mañana fuera el vapor de una sauna o el humo de la cocina, o los títulos de crédito de una película que acaba o que sólo acaba de empezar. Wer weiss.
Daniel Brühl


Son las tantas de la madrugada cuando mi jefa me llama por teléfono. Estoy fumando una pipa y escribiendo diferentes cosas a la vez intentando sacarme de encima a esa chica de la cabeza cuando el teléfono zumba como pegando un bote de la mesa. Al ver que son los del trabajo la primera reacción es tirar el teléfono por la ventana y ponerme a cubierto, pero no sé porqué contesto y es mi jefa diciéndome: Tu héroe está aquí. Y lo primero que pienso es que mi compañero de piso Gunnar no se puede pagar las copas y tengo que meter yo la pasta. Pero en cuanto le pregunto a quien se refiere me contesta: "Daniel Brühl". Entonces me pongo la chaqueta y voy directo al WZ para ver si puedo conocerlo. Aquí en el barrio todo el mundo echa pestes de él porque vive aquí, pero yo sabía que iba a caerme bien. Así que me tomo un café en el rondel y cuando termino me acerco al grupo de amigos con el que se encuentra y lo saludo. El tipo realmente es muy amable. Al principio se queda con la boca abierta al ver que le hablo de Barcelona, porque precisamente acababa de aterrizar y ya la estaba echando de menos. Charlamos de futbol un poco de libros, un poco más de bares, me da la mano y me voy a fumar un pitillo con la jefa, que me pregunta cuando vuelvo a poner música este mes. Le hablo del Flyer.

El Flyer

El nuevo Flyer se las trae. He llegado a la conclusión de que si me tengo que joderme la espalda cargando las cajas que llegan calientes de la imprenta y después repartirlo por medio Berlín y de decirle a la gente eso de "ei, ven a la fiesta" y la foto no me gusta, la verdad es que vamos mal. También he querido que lo hiciera una persona distinta, y esta vez se lo he encargado a un chico catalán que vive aquí en Berlín desde hace cosa de un par de meses y que trabaja de diseñador gráfico pero online, todavía nada con gente de aquí, por lo que ha sido la primera vez que recibía un encargo y lo ha hecho con toda la ilusión del mundo y lo más rápido que ha podido, porque como siempre, el plazo es corto. Si para el Mokum tiré de imágenes de Berlín que representaran la pesadilla orwelliana, para el Dazzle quise hacer algo más centrado en mi intención de hacer una fiesta dark en Prenzlauerberg, el barrio de los niños, mujeres embarazadas y las terrazas donde hacer el café con leche, hasta hace poco un barrio donde la vida nocturna no dejaba de ir a menos, por lo que se nos ocurrió llamarle al evento Prenzlauerdead. Muchos se han partido de la risa al ver el nombre incluso nos han preguntado si la cosa era en serio o si íbamos de broma. Así que del mundo de los niños he ido a lo más oscuro de Alicia en el País de las maravillas, uno de los referentes que he tenido muy presente estos últimos años en todo lo que he escrito y vivido. Pero lo que yo todavía no sabía es que el mismo Lewis Carroll había sido uno de los pioneros de la fotografía. Y precisamente la chica que me gusta me dijo que cuando ella estuvo en Barcelona vio un libro con imágenes que había hecho él y retratos a niños. Y los niños no tienen cara de estar muy contentos. Al contrario. Miedo. Fue realmente Carroll un pederasta? Hoy no nos cabe duda, lo que no sabemos es hasta que grado lo fue. La fotografía del Flyer es la auténtica Alice, una de las niñas de la cual fue profesor y en la cual se inspiró para el personaje de su obra más conocida, que fue fruto de un cuento improvisado contado en una barca. Prenzlauerberg es eso, un gran cuento absurdo, fuera del mundo, el lugar donde he visto a los niños entrar en carros dentro del cementerio con la misma alegría con que se entra al país de los juguetes. Donde he visto más tiendas de peluches que en ningún otro sitio. Donde las guarderías son el negocio más rentable y en las aceras sólo ves ángeles rubios.

...Los niños en el parque

son afortunados

van paseando, y se dan la mano
sueñan caramelos
a besos y dinero


Los niños y las niñas.

Pero quien dice que son inocentes

fumaran cigarrillos,

jugaran con bombas...














viernes, 23 de abril de 2010

El chico de las pesadillas orwellianas leía menos y paseaba más, miraba detenidamente a la gente, respiraba hasta sentir el hielo en los bronquios, escribió en la pared ya no miro más atrás y colgó un póster con el hada verde al lado de la cama. Se enfrentó a los fogones de su cocina y a los de su trabajo, siguió barriendo la calle, limpiando el cristal de la ventana hasta volverlo todo nítido como si así descifrara la frase de Blake. Siguieron las conversaciones con uno mismo en las profundidades de los campos de la mente, los cafés en la mesa de coser y las mejoras en el guardarropa a medida que cambiaba un tiempo. Velas a partir de medianoche, las obras de Bach y las sombras de los cortesanos. Al final llega el día y no te sientes tan solo cuando ves que construyes algo, porque nisiquiera la madrugada puede doler para siempre. Los que sabemos que el odio es más fuerte, pensamos que sin embargo el amor es eterno. Una vez vi la ópera china y me dejé llevar por aquellas voces salidas de otro mundo. A diferencia de esos reinos suspendidos en las nubes, la acción de la obra ocurría prácticamente en el fango y en lo postrero de la batalla y alguien que lo pierde todo pinta. Y empieza a pintar en una gruta, diciendo así que en el país de la seda los sueños existían. Desde entonces a veces me he acordado del chino que pintó como si bailara una música divina, hasta que una vez en el colmo de la soledad, me vi interrumpiendo una carta, sentándome en el suelo y dibujando los paisajes que imaginaba en mi novela. Esos lugares que nunca podré ver porque seguramente ni existieron. He estado años intentando recomponer algo de lo que no se sabe demasiado, pero ahora es tiempo de dejar fluir las bondades de esa gente que en algunos momentos va a tener que sonreírse porque si no nunca podrá decirse que vivieron dentro de las letras. Si nos miran, deben mirarse a si mismos con honestidad porque es como miran al mundo y todas esas sensaciones las traducía en un plano, un trozo de bosque en un espacio vacío y un color según el estado de ánimo. Ahí estaban esos mapas que no podía explicar y que sin embargo necesitaba si quería componer esa historia.
Me encuentro en Berlín pintando en el suelo como hacen los niños o alguien que se siente verdaderamente tranquilo. Y pinto esos lugares que me gustaría ver y que me gustaría enseñar a las personas que me aprecian como si estuviéramos dentro del papel.
Hoy es un día muy especial para mucha gente. En Berlín como en tantos lugares no conocen nuestra tradición, pero una vez al año cambiamos la pluma y la espada por el libro y la rosa. Un día lleno de sentimientos en el que queremos que las personas amadas estén más presentes que nunca.
Así que vendiendo libros y regalando rosas en el stand que el Kasal català de Berlín ha montado esta mañana en la Friedrichstrasse.
Bona diada.

lunes, 12 de abril de 2010

Domingo:
Una extraña pausa antes de volver a cazar replicantes: Lo que dura un café, un cigarrillo muriéndose en el cenicero o una canción que relantiza una atmósfera de por sí congelada. Fotos en la pared de recuerdos que no existieron, un calendario lleno de crímenes y cruces en rojo, tinta sobre la mesa, la dama de picas hacia abajo y la moneda del centenario de Lenin luchando contra su propia herrumbre. Estos son algunos de los objetos, y el sujeto uno mismo en su segunda parte, cambiándose la camisa como un miembro del Congreso en el backstage o en su camarote.




Madrugada del lunes:
Echando fuera a una esquizofrénica del bar.
- Y aquí ya no vuelves más.
Echando fuera a la pareja que estaba follando en la sala de fumadores.
-Tienes las medias rotas.
- ¿Me puedes llamar un taxi?
- Debería llamar a tu padre.
Lunes al mediodía:
Mi cabeza está rodando bajo la cama. Me he despertado y la temperatura ha vuelto a caer en picado. Llaman a la puerta y es Gunnar, mi inseparable comparsa.
-Hey man I'm sorry but I went to Poland.
Hay gente que se va a una ciudad jodidamente gris llamada Cottbus situada en los confines de Brandenburgo, porque tiene a los suegros preparando un almuerzo familiar. Después se suben a la camioneta y cruzan la frontera, que está a media hora de carretera. Se van a un país que ha perdido a toda su cúpula y se paran en mitad de la nada, en un páramo dondo sólo hay cabinas donde comprar tabaco, gasolina y vodka a precio de risa, pero ninguna tienda. Es como si te salieras del margen de una hoja en blanco.

jueves, 8 de abril de 2010

Per aspera ad astra

Finalmente la II Joy Division Party, la cual no tiene flyers pero sí un potente boca a boca, porque la primera gustó y había ganas de más, y pese a que haya otro par de fiestas en otros sitios con unos Dj's muy conocidos, todo se queda siempre en blah blah blah. Esto es Prenzlauerdead y Hänsel y Gretel os abren las puertas del infierno. Porque omnia vincit labor, y las cartas están sobre la mesa. Esta noche y siguiendo las reglas del juego, bailamos alrededor del ahorcado, revertimos el orden y nos bañamos en la Estigia hasta el amanecer.

lunes, 5 de abril de 2010

"Dondequiera que uno dirigiese la mirada, reinaba el desenfreno. La gente leía libros, incluso las mujeres."
Patrick Süskind. El Perfume. Cap. XI.

Mirando los grises desde el 55 West 81st Street, en el American Gardens Building, como si viviera en una estrofa del Organt de Saint-Just.

Tenemos dos opciones para que unas vidas como las nuestras tengan sentido: acabar con todas las rubias de esta ciudad o pedir ayuda. La primera es muy difícil, porque nunca vas a poder acabar con todas. La segunda peor, porque se lo van a tomar a cachondeo.

Y es que prepararse para salir demuestra que el dandy es una suerte de practicante del nuevo ascetismo. La ritualidad del cada gesto un esfuerzo sublime, porque uno desprecia la cantidad de tiempo que se emplea para transformarse en esa criatura que encanta a los demás pero que termina por aborrecerse. No es tan sencillo pese a lo pobre del resultado. En este momento centenares de personas con una vida bastante desplazada de lo convencional abren sus guardarropas para enfundarse y procurarse sus mejores armas. Ocurre todo en el mismo lapso de tiempo. Unos necesitan más y otros apenas disponen de él. Pero todos se presentarán a los cuadriláteros con sus logros y mentiras al final de estos lunes sabatizados, trastocados por unos horarios invertidos y reinventados para los que no tienen ese espacio, pero no por ellos menos difíciles. Algunos vienen ahí después de un tour que empeó el jueves y ha seguido de forma ininterrumpida con sus respectivas pausas para canviarse y levantarse de nuevo para entrar en la espiral, porque Berlín se lo traga todo. Las personas insaciables, auténticos vampiros de lo emocional, se suman a todas las fiestas, deambulan como sombras agotadas aguantándose en los rincones, no dicen ni hablan de nada, sólo asisten y no se perdonan estar fuera de algo en lo que no van a participar. Otros no se cansan de volver siempre a casa con las manos vacías. Otros sólo acumulan mierda y se van trastocando más y más. Otras se exhiben, otras son masacradas. Quién no lo conoce después de tantos años. El giro de la vanidad, el grand guignol y la reunión de cerdos hedonistas. Y lo peor de todo es que contra más tiempo pases entre ellos más te acabas pareciéndote, como diría Tiberio a su nieto Calígula en el exilio de Capri.


Algunos me han preguntado qué hice ayer. Pues me peleé con la gorda, sí otra vez. Pero todavía a más, lo cual sacó esa parte animal y tan salvaje que casi siempre me reprimo por miedo a que la gente me vea como al chico de la naranja mecánica. Y es que por desgracia la disciplina inglesa sólo se me da bien para darla, pero no para recibirla, porque enseguida estoy devolviendo el doble, y eso es difícil de aguantar, así que mi insubordinación, por llamarlo de alguna manera, me costó acabar en el despacho con la jefa y hablar del asunto. Lo que empezó como un interrogatorio acabó en un machacar a la puta gorda.
  • Tienes que comprenderle.
  • Es que últimamente está siendo muy cruel conmigo.
  • Si tu no me respetas no te voy a respetar.
  • Yo te he respetado.
  • Tu no me has respetado nunca y ya me has hecho perder la paciencia.
  • Te olvidas de que soy tu jefa.
  • Eso no es cierto. Tu no eres la jefa de nadie.
  • Lo es, ella era tu jefa esta noche.
  • Mis jefes son R., B, S, y tu, pero ésta sólo tiene la responsabilidad, que es algo muy distinto. Eso no le da derecho a ser autoritaria y a comportarse como si esto fuera el ejército.
  • Yo no me comporto así.
Babble babble bitch bitch rebel rebel party party. De esto va la cosa en general. Pero como siempre, podemos explicarlo de otra manera.

Érase una vez un país en el que tú eres el negro, el ignorante, el idiota, en el cual quien te ayuda lo hace para poder demostrar a los demás que tiene una moral superior al grupo, pero no por altruismo, sino por amor al poder, con lo cual la moral es doble, pero no superior. Un país en el cual te hacen olvidar quién eres y te hacen empujar la rueda de un modo en el que no lo hiciste nunca en el tuyo. Un país donde los burros te gobiernan como si fueran los nuevos mandarines. Y si, yo era ese negro y la encarnación de muchas de esas cosas a las que secretamente le tienen más que miedo, pero nunca lo van a reconocer abiertamente porque sino perderían la justificación de odo lo que hacen, porque lo único que los ampara es la hipocresía. Podría explicarlo como si fuera un cuento de Perrault o de Andersen, con otros nombres y fechas, e incluso les gustaría, pero nunca así porque se indignan como Tartufos.

Y sí, sé que arreglarse como un muñeco es el intento efímero de gritarle al mundo que conservas una dignidad que te ves simpre arrebatada, pero en el fondo sólo es un autoengaño que sirve para los lunes por la noche, porque después vienen todos los martes y los miércoles y aún más, y sigues así en la punta del embudo intentando no quedarte abajo del todo con esas personas horribles dando golpes, porque son tan temibles como lo son sus propios temores, y eso hace que sea duro.

Pero ahora almenos el negro ya puede empuñar sus réplicas y no tiene que verse emponzoñado e impotente, un difícil peldaño que ha costado algunos muertos y perder tanto de si, pero es el problema de trabajar en las fraguas. Vulcano, que era de cuerpo fuerte, pero de piernas flacas, nunca dijo a los titanes que para templar el hierro, después de los golpes debían enfriarlo.
Metalhammer lovely tool
Tell me what I am
Traeting you is the only thing I can
Thank you for the money
Help me to survive
Metalhammer, metalhammer
Help me to stay alive

Esto es de Steve Naghavi, a los 18 años y con dos sintetizadores analógicos y una caja de ritmos.