jueves, 13 de mayo de 2010

No temas: El médico me ha dicho que eres tan bello por fuera como por dentro.
En mi vida había visto unos análisis tan perfectos: Todas las pruebas indican que mi salud es muchísimo mejor de lo que estaba en Barcelona y que puedo quedarme tranquilo. Me despedí de mis monstruos en la parada del Tram casi enfrente del Tacheles, esa muela picada que vivió tiempos mejores cuando se las daba de comunidad artística, hoy un recinto para que algunos pijos desaliñados tengan sus talleres de escultura de hierro colado al aire libre o puedan drogarse entre burdas pinturas, butacones llenos de mierda y música chill out. Al otro lado las cúpulas doradas de la sinagoga, empotradas en la famosa calle donde la noche deja que las golondrinas se posen en el bordillo. Al fondo la eterna torre de la televisión, eterno espejismo de lo que fue la capital del futuro socialista. Los fantasmas veían como su tiempo expiraba igual que la fecha de un contrato de prestación de servicios y optaron por disgregarse de la misma forma que habían venido, cansados de si mismos. La ciudad por una vez tenía luz propia, incluso en lo más profundo del gris. Porque ya lo ves Smoboda, la ciudad te devuelve lo que te quita, así es Berlín.
Subes al M1 sin poder disimular la alegría en el rostro, te tomas tu tiempo hasta llegar a casa, te cruzas con tu compañero de piso que está haciendo el reparto con el uniforme de los que lo explotan y le recuerdas que tenemos una lata nueva de café.
Yes man, coffee and cigarrettes, that's the secret.
Iggy Pop.
Intentas entender lo que dicen los periódicos. Comentarios sobre las elecciones en el nudo industrial entorno a Düsseldorf y llave de vuelta para el gobierno de Merkel, los ataques en las guarderías en china y la psicosis creada para que aumenten los efectivos de seguridad en un país donde el descontento empieza a verse en acciones criminales que hasta hacía poco eran propias del mundo occidental. Pero al fin y al cabo, los chinos llevan casi 30 años con un sistema sanitario privatizado y con un gran número de escándalos. A los locos los encierran sus parientes en un cuarto o incluso en jaulas, porque no pueden pagar ningún tipo de atención. Los que están solos simplemente son bombas en potencia que acaban legitimando la acción coercitiva de un estado famoso por ser uno de los más represivos del mundo y en donde la vida apenas es considerada. Sin embargo son el gran gigante económico pese a que los pies los tengan de barro. Los periódicos sólo son manchas de tinta donde se dice sólo lo que se puede decir y un montón de asalariados se comportan con profesionalidad, pero sin profesión, puesto que sólo son media workers y la verdad es que me cansan bastante, pero por otro lado sé que no deberíamos acostumbrarnos a vivir demasiado despegados de ellos. Es más saludable olvidarse de la tarjeta o de la basura que te pasa la tele o que circula por la red, pero actualmente ya no sé lo que significa la libertad y todos los que presumen de ella me parecen más esclavos que los demás, porque acaban haciendo no sólo lom ismo que el resto de los mortales sino que lo hacen peor.
Por norma deberíamos a empezar a pensar que todos estos seres alternativos se convierten en gente sin alternativa.
Esta noche es la fiesta Prenzlauerdead, tantas veces anunciada. Algunos ya me han dicho que montarla en festivo es arriesgado, sobre todo cuando todos trabajan al día siguiente. Y yo respondo: ¿quienes son todos y desde cuando aquí trabaja alguien? Sólo conozco turistas, estudiantes, desempleados y camareros que en cuanto terminan el turno o el aburrimiento termina con ellos se cogen la gran borrachera antes del amanecer. Otros me han dicho que la competencia es demasiado fuerte y quiero pensar que toda competencia es concurrencia. Somos una opción más. Eso ya es un valor seguro si los que vienen salen contentos. Si esta fiesta sale más floja, la próxima será mejor, pero es la primera vez que estoy tranquilo y no me matan los nervios. Llevo días preparando nueva música y tengo muchas ganas de ponerme delante del mixer.