sábado, 1 de mayo de 2010



Sí, la chica que viene los domingos y pide una copa de vino. Esa es Paula. Ella es la que canta esto que suena ahora, pero 10 años después.


Así es la vida. Cada vez que voy a mirar discos de segunda mano me encuentro con carátulas donde no me parece conocer a nadie. Y me pregunto donde debe estar toda esa gente de las fotos, porque me imagino que deben estar como Paula tomando un vino por ahí, bastante amargados y quizás recordando demasiado la época en que sonaron en la radio o tenían un nombre. La mayoría de músicos que conozco no llegarán nunca a ningún sitio. Demasiadas cosas en juego, poca originalidad y menos fuerza de voluntad. No voy a poner demasiadas esperanzas en algo que no me va a beneficiar para nada.


Anoche fue la Walpurgisnacht, que entre muchas otras cosas, es también el cumpleaños de mi gato. También la fecha que Himmler eligió a posta para su suicidio, porque creía que... bueno dejémoslo. Y en la Walpurgis, aparte de un montón de rituales paganos de raíz céltica que por aquí tanto se llevan, otros estuvieron trabajando. Nos comimos un alud de gente inaudito, bastantes cumpleaños, borrachos salidos de una cadena de montaje, grupos de tardoadolescentes con un montón de dinero y complejos y turistas de la Easyjet que nos han visto en el catálogo mientras se abrochaban el cinturón y despegaban rumbo a la ciudad cool.


Terminamos a las tantas y más, jodidos por unanimidad y con una fuerte sensación de asco compartido. El uno de mayo lo trabajamos también. Y mañana una vez más. Veo al tío del videoclub desde la ventana tomándose algo en la terraza del Film café. Ese trabaja los siete días de la semana y se ha tomado tres de vacaciones por primera vez desde que abrió el sitio. 3 días sin Dvd's o mirando el último hasta saberme los diálogos de memoria. Creía haber visto todas las pelis relacionadas con Berlín y el muro, pero que ingenuo, no me di cuenta de que el cine alemán está lleno de títulos relacionados con Berlín, el muro y todo lo que pasó después. Además existe toda una filmografía sobre la DDR para nada despreciable, porque hacían películas que tenían su gracia, pero hay que tener en cuenta de que aquello fue una dictadura muy represiva, con lo que había que partir del hecho de que todo lo que salía de ahí pasaba por censura y más censura. Por suerte los dictadores de ese satélite soviético no tuvieron demasiadas pretensiones artísticas porque estaban demasiado ocupados persiguiéndo y haciendo desaparecer a aquel que tuviera ideas distintas a las del partido, y es por eso que no existe ninguna versión alemana de esos bodrios ibéricos llamados "Raza" o "Fuerza", escritas por alguien que le gustaba practicar la caza y fabricar pantanos, y podemos decir que en la DDR a veces se llegó a hacer buen cine con aquello que les dejaron hacer y que en España bajo aquel Caudillo por la gracia de Dios también si uno se pone en serio a mirar. Pero el caso es que estoy en Alemania y me interesa ver todo lo que se ha hecho aquí sea de un lado o del otro.

Unos van a conciertos, otros se pasan el día de fiesta y yo me paso por la videoteca y las tiendas de discos de segunda mano. Cargo cajas de cerveza para permitírmelo, incluso trabajo un primero de mayo, cosa que va en contra de mis muy pocos principios. No sé a cuanta gente le da todavía por leer cuentos. Los cuentos son muy peligrosos si los escuchas demasiado, porque entonces nosotros nos acabamos comportando inconscientemente como bellas durmientes y o príncipes calzando zapatos, pero si no los hemos escuchado todavía puede ser peor.

Un amigo mío estuvo de tour por Italia poniendo música en distintas discos. Se fue con un par de mudas y el portátil con toda la música dentro para cuando tuviera que trabajar. El caso es que se encontraba en Venecia, una ciudad llena de magia hasta el punto de haberse convertido en un hechizo borrado por miles de turistas que algún día dejarán esa joya bajo las aguas. Ahí mi amigo empezó a leer Pinochio, una historia que ya conocía de cuando era niño, pero nunca había leído el libro. Y quizás porque en Venecia hay demasiados títeres y máscaras, se decidió por adquirir un ejemplar en inglés de la obra maestra de Carlo Collodi. Lo primero que me escribió fue: "aunque nos pueda resultar extraño, se trata de una obra mucho más oscura de lo que a simple vista parece". Y le doy la razón.


Siempre he dicho que Berlín es ese lugar siniestro donde los niños llegan impresionados. Esa imagen del hombre con el carro recogiéndolos y todos apuntándose contentos. Ese tú no te subes? No seas idiota, vamos al país de los juguetes. Pinochio estuvo ahí con su amigo Espárrago y yo estoy en Berlín con mi amigo Gunnar. Es el mismo sitio. Un día algo te alerta de que esto es peligroso. Tienes un sueño horrible, en el que pierdes todos tus dientes excepto los incisivos. Te duele todo el cuerpo como si te hubieran arrancado de un vientre y despiertas gritando. Pinochio despierta con las orejas de burro y se da cuenta de que han sido engañados y que van a pasar el resto de sus vidas sirviendo de ganado.
Deberíamos leer los cuentos o evitarlos?


En la versión original la Caperucita muere violentamente, la sirenita fracasa y se transforma en espuma, el soldadito de plomo arde y Pinochio es ahorcado por sus innumerables faltas.



La cosa como siempre consiste en leer bien.
Al principio la mujercita negaba que fuese el Hada de los cabellos azules; pero después, viéndose descubierta y no queriendo continuar más tiempo la comedia, terminó por darse a conocer, y dijo a Pinocho:


--¡Bribón de muñeco! ¿Cómo has podido acertar que era yo?
--¡Es por lo mucho que te quiero!
--¿Te acordabas de mí? Me dejaste siendo niña, y ahora me encuentras hecha una mujer.


Capítulo XXV. Pinocho promete al Hada ser bueno y estudiar.

Después del cuarto café parece que todo vuelva un poco a la normalidad. En una hora vuelvo a trabajar y esta vez con la gorda. Sobre la gorda estoy escribiendo algo que no dejará indiferente a nadie: Siguiendo los consejos del Doktor, estoy apuntando en un cuaderno aparte las cosas relacionadas con Berlín y el lugar donde trabajo. Lo que el Doktor no sabe es que inevitablemente también tengo que hablar de él y hasta del tío del videoclub. Creo que de por si son todos personajes mucho más interesantes que mis cortesanos del siglo XVIII o los héroes de ese mundo distópico que estoy escribiendo bajo el nombre de Heroica.

El contador va bajando y empiezo a ponerme la ropa del trabajo como si fuera un uniforme. Camisa militar negra pelo engominado hacia atrás, colonia, y música para los minutos cruciales. Habrá que sonreír, hacer ver que eres más feliz que los demás, tomarse las cosas con mucha filsofía y esperar a la vuelta para escribir unas frases más en el cuaderno y a la mañana siguiente quizás algún capítulo, pero lo más importante, el plan para este mes, que va a ser bastante interesante.














Esta es la canción más perversa que he oído en los últimos años.