lunes, 12 de abril de 2010

Domingo:
Una extraña pausa antes de volver a cazar replicantes: Lo que dura un café, un cigarrillo muriéndose en el cenicero o una canción que relantiza una atmósfera de por sí congelada. Fotos en la pared de recuerdos que no existieron, un calendario lleno de crímenes y cruces en rojo, tinta sobre la mesa, la dama de picas hacia abajo y la moneda del centenario de Lenin luchando contra su propia herrumbre. Estos son algunos de los objetos, y el sujeto uno mismo en su segunda parte, cambiándose la camisa como un miembro del Congreso en el backstage o en su camarote.




Madrugada del lunes:
Echando fuera a una esquizofrénica del bar.
- Y aquí ya no vuelves más.
Echando fuera a la pareja que estaba follando en la sala de fumadores.
-Tienes las medias rotas.
- ¿Me puedes llamar un taxi?
- Debería llamar a tu padre.
Lunes al mediodía:
Mi cabeza está rodando bajo la cama. Me he despertado y la temperatura ha vuelto a caer en picado. Llaman a la puerta y es Gunnar, mi inseparable comparsa.
-Hey man I'm sorry but I went to Poland.
Hay gente que se va a una ciudad jodidamente gris llamada Cottbus situada en los confines de Brandenburgo, porque tiene a los suegros preparando un almuerzo familiar. Después se suben a la camioneta y cruzan la frontera, que está a media hora de carretera. Se van a un país que ha perdido a toda su cúpula y se paran en mitad de la nada, en un páramo dondo sólo hay cabinas donde comprar tabaco, gasolina y vodka a precio de risa, pero ninguna tienda. Es como si te salieras del margen de una hoja en blanco.