viernes, 11 de diciembre de 2009

Por lo menos está resultando una bella maratón contra el sueño, leyendo una cantidad de páginas inauditas, reteniendo todo lo posible. Esta tarde vuelvo a tener seguimiento de mi trabajo, un montón de preguntas gilipollas y me van a volver a poner a prueba como si fuera su juguete. Los propietarios del local están ahí, pero al fin y al cabo ya están enterados de todo, porque siempre les pagan pasta a gente para que nos controle la calidad del servicio y esas huevonadas. Y yo digo: el servicio de por si es cojonudo: tenemos a un par de bordes que han conseguido que muchos clientes no quieran volver nunca más, a otro par que va tan enchufado que ya lo pagan con la cara, un nazi psicópata que echa a todo dios a hostias del local, otra que sólo está comiendo pastel y poniendo una música de mierda y yo que estoy hasta los huevos de que me hagan pruebas como si estuviera en el colegio de las monjas.
De qué te quejas? A muchos les gustaría estar aquí.
Yo estoy en 1937. Estoy en el cabaret de los chinos de la avenida del Paralelo. Ese que sólo existió en mi cabeza. Au revoir, tristesse.
Mi compañero de piso me pregunta si quiero tomarme un café con él y hacer unos cigarrillos. Lo dice como si estuviéramos en la cárcel o algo. El caso es que creo que lo mejor es poner a Gary Numan y coger fuerzas para la larga noche en la que espero darle la forma definitiva a mi obra de teatro.


Y sí, si a algunos les sonaba el tema, es la versión original de una de las obras maestras de Trent Reznor en su época "The Fragile". Como siempre esos sonidos que me recuerdan a los aviones que hasta hace poco surcaban el cielo de la ciudad. Recibo un mensaje de mi otro jefe, el del Mokum, preguntándome si quiero trabajar más en enero. Y no diré que no.