jueves, 10 de diciembre de 2009


El fin de la Unión Soviética también fue un nueve de diciembre. Qué curioso. Al cabo de unos años unas cuantas personas murieron en el atentado de la Plaza Roja de Moscú en idéntica fecha. Pero de lo que nadie se acuerda es que la Masacre de Nanquín, acaecida precisamente en 1937 también sucedió un 9 de diciembre. Al volver a leer sobre ella, sabiendo que no me haría mucha gracia por cuestión de tripas, me di cuenta de que preferiría hablar de ese otro 1937 antes que del mío, que estoy escribiendo esta noche en casa, la pasada y las que em queden antes de que se me acabe el plazo, pero todo se andará. Una historiadora china se suicidó tras las presiones sufridas por parte de las autoridades de su país después de investigar lo sucedido en ese negro episodio, porque la verdad es que tanto China como Japón desean pasar la página y hacer ver que eso queda atrás ahora que hay importantes intercambios comerciales por medio. Al fin y al cabo hay que construir un nuevo orden mundial, pensará más de uno, y es cierto. Y me quedo de piedra al ver cuantas cosas empezaron en 1937. El germen de la actualidad viene de esa década de los treinta porque las explicaciones de tantas cosas se encuentran precisamente ahí. Por suerte yo no hago ninguna denuncia, me remito a la frivolidad del cabaret y del "vive hoy que no existe el mañana", una filosofía que llevó a la ruina completa a una generación que se sentía rota, haciendo partícipe a una siguiente que se erigió en salvadora de todo comprometiéndose en exterminar todos los vicios para instaurar regímenes que durarían para siempre. De eso me ocupo a ora, de ambientar todo aquello. Lo único que dura son las secuelas de todo eso y la nueva descomposición en la sociedad de consumo, parecida en muchos aspectos a la de otrora. Y es que últimamente la prensa da mucha más relevancia a los artículos apocalípticos: Extinciones masivas de abejas como ya anunciaron los mayas, mutaciones de los virus, cielos tóxicos, deshielos irreversibles y canibalismo entre los osos polares por culpa del calentamiento global, famosas cada día más demacradas, continuidad de la recesión causada por el lobby judío y declaraciones de grandes analistas y expertos sobre el retorno de las fábricas en Europa, y el racionamiento, poniendo fin al sueño de la globalización por falta de recursos energéticos y el encarecimiento del transporte. Olvidemos las alternativas. Aún no es posible y no se destinó la inversión necesaria para hacer el cambio. Están en ello pero tardarán y lo capitanean los que ahora mismo tienen el control económico, no se había hecho antes hasta que estos grupos no se habían asegurado que los beneficios irían sólo para ellos. Porque como dijo Lampedusa en "il Gattopardo", "todo debe cambiar para que permanezca igual". Umberto Eco ya habló de una nueva Edad Media como la que empezó con una glaciación en el norte de Europa. Depende de lo que entendamos por Edad Media, que aunque fue Media duró mucho y creo que de por sí sola podría constituir bastantes edades, en todo caso las voces por eliminar un sistema de Seguridad Social, acabar con puestos de trabajo y reducir la población empiezan a multiplicarse. El humanismo al fin y al cabo es sólo una filosofía y las ideas no duran siempre porque los hechos cambian y éstas caducan o no pueden aplicarse más. Lo que hoy es moral puede que mañana sea escándolo. Sabiendo eso, tenemos que tener en cuenta que las generaciones escépticas no son buenas defendiendo nada, y la nuestra por principio no va a querer ser una excepción. Bastante tiene con protegerse de ella misma. Somos el resultado de las enfermedades de nuestros predecesores, pero esto no es nada con el monstruo que vamos a engendrar. Livia reía porque estaba criando una serpiente en el seno de Roma. Y es posible que Tiberio alarmado siguiera como Saturno devorando a sus hijos aunque no le quedaran, pero en vano. Y es posible que aquello que salga de nuestras entrañas nos denuncie y destruya sin piedad. Ya lo hicieron las Juventudes hitlerianas con sus padres. Y en los sesenta, esa década tan liberal, también se vivió una revolución cultural pero en la otra parte, donde los jóvenes que llevaban en el bolsillo de la chaqueta el libro rojo de Mao apalizaban a sus padres, no tan jóvenes y menos puritanos, y hacían que el Partido los enviara a centros de reeducación, unos arrozales alambrados donde morían como moscas. Todo esto pasó ya pero pasó y no sería nuevo si ocurriera. Almenos hay un tejido social que poco a poco y sin darse cuenta se ve predispuesto. Lo apocalíptico ahora mismo gusta. O no, pero da morbo. Sabemos que no podemos hacer nada por mucho que hagamos y eso nos hace libres para morir o matar. He leído como terminó la civilización egipcia, de la que tanto se habla. Después del incesto en todas las capas de la población, después de las catástrofes, las plagas y las hambrunas, vino el canibalismo y quedaron reducidos a la barbarie. La cultura griega también murió con sus árboles quemados por las guerras. No se pudo plantar y dependieron de cualquier nación extranjera. Muchos de los grandes imperios fenecieron pocas décadas después de que su clima y orografía sufrieran una gran alteración. He visto que el escepticismo también preludiaba esos ocasos. Los puritanos han denunciado numerosas veces que ha sido el auge de la bisexualidad lo que ha terminado con todas ellas. Griegos, romanos y esos tipos con medias y pelucas y clavicordios eran todos unos maricones y se pasaban el día haciendo orgías, como si fuera lo único que habían hecho en quinientos años, cosa imposible porque la moral cambia, incluso en la vida de un solo hombre. Irónicamente es muy probable que se nos compare con griegos, romanos o ilustrados, porque siendo como somos y tantas veces no queremos ver, eso es lo que pensarán de la sociedad de consuno en cuanto nos estudien o más bien diseccionen, resaltando a todas esas drags, el consumo masivo de drogas, telemierda y porno del cutre. Pero por suerte esos "puritanos" no tienen razón, porque nuestro escepticismo dice que esa es como una mujer y a una mujer no la tiene nadie, y son muchos los otros imperios que han caído precisamente por lo que ellos enaltecen, por reaccionarios y por querer ir hasta el final hasta despeñarse, como lo hizo el español del siglo XVII o la Unión Soviética hasta el 9 de noviembre, aunque no se conmemora que se haya suicidado porque sus ex dirigentes siguen dirigiendo tantas cosas de las que se depende.
Los llamados vicios existieron siempre, más escondidos o no. Forman parte de nosotros. En sociedades superpobladas han sido siempre más evidentes. Berlín, ciudad en la que "convivieron" dos sistemas opuestos lo demuestra: en el oeste la juventud se destrozó con la heroína. En el este, como en Polonia y en Rusia, todo el mundo estaba alcoholizado. En el oeste se producían escandalosos asesinatos. En el este una cantidad inaudita escalada de suicidios.
No me vale ninguna teoría moral para describir el fin de la civilización. El libro sobre Gibbon sobre los romanos tiene cosas buenas pero no tiene ninguna autoridad ni la deseamos. Tampoco me vale ningún discurso milenarista. Dentro de unos años se va a acabar todo, porque nada permanece aunque todo vuelva, pero no todavía, para desgracia de la vida, que debe estar bastante cansada de nuestra antipática especie. Lo que sí es cierto y viendo toda esa gran cantidad de medios que en cosa de dos años han cambiado bruscamente de tono porque es como ven que pueden conectar con la gente, para controlarnos, sí que es posible que todos estos miedos generen un monstruo colectivo. Sí que es posible que en pocos años pidamos ser protegidos y pasemos a una masa. Sí que es posible que ocurran muchas cosas. Sin embargo por mucho que a algunos se les quite de enmedio de la forma menos honrosa, creo que continuará habiendo muchísima inmoralidad en las costumbres, aunque sea a puerta cerrada, como pasa en los mejores matrimonios.
"Es inútil, el abismo al que me empujas está dentro de ti"
La esfinge a Edipo en Edipo Re de Pasolini.