miércoles, 16 de diciembre de 2009


Llevo demasiadas horas sin dormir. No sé como me lo he hecho pero apenas me he levantado de la silla. He adelantado muchísimo pero ni aun así es suficiente. Esto no hay manera de terminarlo. Queda cerrar la historia, corregir, darle el formato técnico y escribir todas las acotaciones. Una locura vaya. Eso sí, debo decir que dnetro de todo me lo he pasado bastante bien. Incluso ha habido un momento en que me ha dado por reír por una idea que me ha venido a la mente y que he metido en el texto sin venir a cuento y casi a bocajarro, con toda la mala hostia del mundo. Durante la pausa del café llega Gunnar, que se ha comido toda la nieve que ha caído encima. Llega con un bulto envuelto en papel para envolver los bocadillos y me dice que es mi regalo de navidad. Si es que en el fondo es a la persona que más veces he visto en todo el año y la verdad es que ha sido un detallazo, hasta me daba lástima sacar el papel. Cuando he visto la colección de tazas me he reído un montón porque básicamente para este hombre soy el tío que está haciendo funcionar la máquina del café en la cocina a cualquier hora del día. Y no es mal regalo para un aspirante a escritor.

En cuanto al Dr, no sé si lo habrá hecho expresamente, cosa que dudo, pero se ha olvidado un par de expedientes encima la mesa. Y la historia que he leído es bastante cruda, como para escribir un libro. Involuntariamente también me ha hecho un pedazo regalo dándome una truculenta historia urbana, pero qué mal rollo de curro debe tener. Entiendo que últimamente esté siempre de tan mala hostia.