viernes, 4 de diciembre de 2009


La griega me llama a las cuatro de la tarde pidiéndome si esta noche puedo poner música en el Cake.

"Ésta y las que hagan falta, darling. Sólo necesito dos cafés para volver a ser yo."

Siempre he dicho que Kreuzberg no es mi sector. Para bien o para mal mi zona es el odiado Prenzlauer, ese experimento conspiranoico lleno de nuevos matrimonios, cochecitos y mujeres tomando latte machiatto mientras leen la revista Stern. Vas a acabar así, -me dijo mi padre hace unos meses cuando vio el percal- éstos eran los que hace cinco años iban como tú, vestidos de negro y las botas hasta las rodillas. Porque de los siete sabios mi padre era el octavo, pero los otros se pusieron de acuerdo para echarlo por listillo y socarrón. Tanto Barcelona como Berlín son auténticos escaparates. Londres no quiero ni imaginármelo. En el fondo todo es una gran mentira y pienso que debería haber prestado más atención a las clases de teatro para no salir de tono, pero uno en ese momento estaba por lo mismo que ahora: escribir. Y es curioso porque me estoy dando cuenta de que todo lo que estoy haciendo aquí básicamente lo he aprendido en Berlín: tanto mi trabajo, como mezclar la música, como lo de escribir con tinta y pluma en papel de partitura, como lo de encontrar nuevas maneras para hablar de las mismas cosas que nos preocupan a todos, todo eso viene de Berlín. Si no de qué estaría cargando cajas de cerveza a las seis de la mañana, simplemente porque creo que servirá de algo. Pero la verdad prevalece: escribo, pero no soy escritor. Todavía no. Es una situación que se reproduce día tras día y año tras años. Y sin embargo las cartas del Tarot dicen mucho de la misma manera que las entrañas de los gallos negros anunciaron que Enrique de Navarra sería rey de Francia, y en una situación desesperada esos arcanos menores fueron lo que me dieron un ánimo capaz de separar montañas, aunque tuviera que terminar con el vientre abierto. Y sé que es mi tozudez en seguir un camino que no es el directo lo que me lleva a una situación en la que está todo bloqueado, pero esta es la ciudad de los bloques y los bloqueos con lo que es el mejor lugar para estar así. Un año lleno de revelaciones y decepciones, pero en el que se está viendo todo y va disipando las confusiones que no me dejaban elegir correctamente.