sábado, 5 de diciembre de 2009

Después de haber dormido cinco horas me doy cuenta de que mi habitación se ha convertido en una auténtica perrera. Abro la ventana y literalmente muero al dejar que una ráfaga me invada el refugio. Me duele todo el cuerpo de estar toda la noche de pie poniendo discos y empiezo a tener la piel jodida por todas partes. La comida se ha quemado toda y me sienta fatal, hasta el punto que casi la devuelvo. Estoy por llamar a la griega y decirle que esta noche luche sola con los leones, pero precisamente tengo que empezar con la música yo solo. Mi compañero de piso aparece con su habtual hey man, how was your night? Do you have a cigarrete? Y me siento como si me hubieran calcado la tarde de otra tarde que viví idéntica en otra tarde, por lo que al final le suelto: Un momento, esto ya ha ocurrido otras veces, no? Y el tío se larga riéndose de una manera que me recuerda al monstruo de Frankenstein, todo muy siniestro. Y cómo fue la noche? Pues bien, realmente bien. Las camareras eras unas gilipollas pero acabaron entusiasmadas con nosotros y creo que somos colegas, la gente al principio peor que sosa, algo bastante alemán y después se han dado cuenta de que están todos más solos que la una y han preferido divertirse. Fue curioso porque vino un muchacho italiano a pedirme el Bela Lugosi is dead y me hubiera esperado un montón de solicitudes distintas pero nunca esa, así que cerramos con Bauhaus y la verdad fue todo un placer, pero es muy desagradable que te paguen con esa música, porque a la que coges los billetes y sientes como el riff de Daniel Ash lo traspasa todo, te das cuenta del poder maléfico del capital y de como todo tiene un precio, y vuelves a casa con el batir de alas de cien murciélagos, el tranvía te espera a punto de arrancar enloquecido y en su interior sólo hay gente destrozada y otra que está pidiendo, poco más. Entonces la mujer me pregunta que qué estoy leyendo y lo primero que pienso es so zorra a ti qué cojones te importa a estas horas de la mañana, tu lo que quieres es otra cosa y le digo que el libro se llama La naranja mecánica, los raíles crujieron y alguien vomitó ahí mismo, todo muy berlinés. Sinceramente me pareció horrible: Pinocchio y los gilipuertas volviendo flipados del país de los juguetes. Ashes to ashes. Te quedas delante del espejo al levantarte ver la perrera que tienes montada y te acuerdas de cuando quedaba media hora para la función y todavía tenías que maquillarte. Entonces te metías un montón de mierda en la cara para ser otro o dar más miedo y era divertido. Ahora lo haces para disimular los destrozos y realmente eres un monstruo, pero el que tienes en el retrato de tu habitación ese sigue igual.
He salido al supermercado a comprar zumo de pera y la calle apestaba a Krafwerk, incluso todos esos rotulos no tenían vida, y los productos en los estantes parecían tristes, sin ningún tipo de interés. La temperatura sigue descendiendo y como esas melodías hartamente repetitivas, todo se reduce a la más mínima expresión.