miércoles, 2 de diciembre de 2009


ET TIBI DABO CLAVES REGNI CÆLORVM

Esta es la historia de un futuro libertino ante la blanca fachada de San Pedro del Vaticano. En cuanto un cojo que pide limosna le dice que la sorprendente basílica fue erigida gracias a las indulgencias vendidas en Germania por el Arzobispo de Magdeburg, se da cuenta porqué precisamente en esa ciudad hanseática Martín Lutero empezó la reforma protestante, la cual los había llevado a dos siglos de guerras de religión, el primero de oro y el segundo de auténtica podredumbre.

La bella Irreverència es la historia que más he cuidado durante estos últimos años y viene a ser prácticamente un amor no correspondido, causándome continuas frustraciones. Es el talón de Aquiles de mi existencia, y la que me ha llevado a peregrinar por las distintas cortes europeas buscando los restos de un tiempo por suerte perdido. Últimamente he estado investigando sobre el conglomerado que fue el Sacro Imperio y sus distintos reinos, en particular el de los sajones. Y tengo que decir que lo único con lo que me he encontrado es con la punta de otro iceberg, por lo que a este paso podría acabar perfectamente como Borges, acumulando tal ingente cantidad de material que después no osara escribir ni una línea por miedo y vértigo. Precisamente estoy con eso, encontrándome delante de un gran bagaje de historiador esperando ser moldeado con la prosa más elegante, cuestión de putas formas.
Además me enfrento a los plazos para finiquitar 1937, la cual finalmente queda como obra de teatro y si en un futuro la convierto en novela será para contar aspectos distintos sobre los personajes que no se mencionen en las tablas, es decir, en novela como complemento a la obra, no como adaptación de la misma. Mi amigo y compañero de piso Gunnar está transformando los discos de vinilo a mp3 para que pueda presentar la música en el dossier del proyecto escénico. Me ha parecido verlo bailando solo en la habitación, pero haré ver que no me he enterado. Pienso en las corruptelas, en los círculos de conocidos y en las escasas posibilidades de ganar un premio donde hay tanto patrocinador y tanto dinero. Sin embargo el trabajo bien hecho siempre llega a algún sitio y los puertos son bellos no sólo por las bahías, sino también por los navíos que abrazan.
Y de eso se trata, de acumular tazas de café. abrir de cuando en cuando las ventanas para qu entre el aire y dormir poco o mucho para después no levantarse de una mesa donde todo son papeles y hojas arrancadas de los cuadernos, una pared que era blanca y ahora tiene todas las postales de época pegadas como si de recuerdos de juventud se trataran, la cama revuelta y el libro de Khayam recordándome que todo es perecedero encima la almohada. Releo y me río con las anécdotas del Voltaire, siempre tan arrogante, indiscreto e ingenioso, ese calavera dispuesto a arrancar una carcajada, cráneo privilegiado, como diría Valle. Busco un disco de música clásica, intento sentirme vivo.