sábado, 4 de abril de 2009

Medianoche, las estrellas y tu

Creo que estaría bien comentar que el otro día el amanecer era tan espectacular que no me resistí salir a dar un paseo por la zona norte de Pankow, que es donde termina la línea de metro. La verdad es que todo y pertenecer a este distrito, suelo quedarme prácticamente siempre en el barrio de Prenzlauer y es una lástima no haber hecho una visita con anterioridad a una zona tan tranquila con la excusa de que se estaba muy bien desayunando al lado de la radio. Así que mi compañero de piso y yo fuimos a dar una vuelta con los bolsillos vacíos y una larga conversación mientras todo un conglomerado de indivuduos de distintas procedencias se mezclaban a lo largo de la Schonhauser Allee. 


Una vez en la zona norte sólo vimos neonazis sacando la cabeza por la ventana aireando la resaca del Sport Bar, punks que nos querían vender un coche de los años sesenta y un viejo con un perro enorme que se había equivocado de sitio. Luego llegaron los bloques mastodónticos alienados en fila sin ninguna personalidad y pintados como si fueran paquetes envueltos. Bastante desconcertante. Un instituto con un pórtico de columnas dóricas y aspecto telúrico y los restos de una fábrica inservible con unas chimeneas delgadas a punto de venirse abajo. Mi compañero de piso y yo nos preguntamos si la gente no terminaba loca durante el invierno, cuando todo el mundo se encierra como hormigas obreras y se asusta delante de las noticias relacionadas con las finanzas internacionales. Hacía tanto calor que me quité el abrigo por primera vez, cosa que hasta me sorprendió, porque he ido pegado a él desde que llegué a esta ciudad y no me imaginaba andando por la calle en mangas de camisa. Estuve viendo a los ciclistas y me entraron ganas de poder pedalear por las calles para poder desplazarme. Los álamos resplandecen en los parques y el techo de aguja de una iglesia señala el retorno a Prenzlauer.