domingo, 21 de marzo de 2010


Volviendo del trabajo.

Nunca llueve eternamente. Despierto. Oteo por la ventana y veo adoquines mojados, viento entre los árboles, el gris del agua sucia escapando del fregadero. De ese color es el cielo sobre Berlín, no de otro. Pongo un disco al azar, abro la lata del tabaco, preparo café, elijo una camisa. Los domingos todo el mundo suele estar con resaca o de intermedio. Pero yo no.