miércoles, 15 de julio de 2009

Olympia

Y de nuevo otro mito cae, esta vez una de las anécdotas más sonadas de la Alemania nazi queda por los suelos. Algunos recordarán que los espectaculares juegos del 36, que destacaron por ser los primeros en ser filmados y por la gran participación de un gran número de delegaciones extranjeras sirvió como escaparate de la nueva Alemania al mundo entero. Pese al gran homenaje que se hizo a la belleza y perfección aria, el gran triunfador fue un atleta afroamericano llamado Jesse Owens, la victoria del cual según la leyenda, enfureció a Hitler que se negó a darle la mano desde la tribuna.
"Hitler SI saludo a Owens, pero lo hizo fuera de cámaras como dijo en sus memorias el propio atleta. De hecho Owens llegó a decir que le trataban mejor en la Alemania Nazi (donde le pedían autógrafos) que en su propio pais (donde no podía subirse a los autobuses de los blancos, debido a la politica oficial de segregación racial).Toda esa ficticia polémica se originó, entre otras cosas, a que Hitler si saludo durante el primer dia a todos los vencedores de pruebas (y a los 2º y 3º clasificados también) pero que miembros del COI por allí entonces le recomendaron que no lo hiciera más ya que retrasaba el resto de las pruebas. Hitler, haciendo caso al consejo, ya no saludaría más "in situ" a ningún ganador (al día siguiente Owens ganó su primera prueba), pero si en privado (entre ellos al propio Owens).También otros atletas alemanes, pese el "riesgo" que corrían, felicitaron al campeón. Es más su rival, el alemán Luz Long, le daría valiosos consejos al momento de la clasificación de la prueba de salto largo, gracias a lo cual Jesse lograría pasar la etapa de la clasificación y posteriormente, derrotando a Long, llevarse la medalla de oro. Por ese gesto y dadas las circunstancias de la época, Long recibió la medalla al espíritu deportivo, máxima condecoración olímpica, a titulo póstumo (murió durante la invasión alemana a Sicilia). El diario Marca, del 21/07/08 en su especial de los JJ.OO. del 36, recoge esta historia de amistad, fue tal que finalizado el conflicto Owens visitaría a la familia de Long en Alemania.
Quien no se acordó de las victorias de su compatriota fue la Casa Blanca que no envió ni un telegrama a su héroe (sí a otros deportistas blancos) ni lo recibió en audiencia. El entonces presidente de los Estados Unidos de América, Franklin Delano Roosevelt, se rehusó recibir a Owens en la Casa Blanca. Roosevelt se encontraba en campaña de re-elección y temía las reacciones de los estados del Sur (notoriamente segregacionistas) en caso de rendirle honores a Owens. Éste comentó más tarde que fue Rossevelt quien lo trató con brusquedad. Owens se acabó ganando la vida en absurdas carreras contra galgos o motocicletas
."