lunes, 20 de julio de 2009

Cinco días con el Himero en Berlín y ya tengo para escribir una nueva novela. Estábamos sentados en el sofá decorado con dragones chinos que hay en la terraza de uno de los bares más IN de la plaza donde está la iglesia de Sión descansando de los recorridos maratonianos a través del subsuelo, entre estaciones fantasmas, antiguos búnkers, vendedores de billetes usados, monumentos al dolor de una ciudad con demasiados rastros de historia y llenando frases sin sentidos en nuestros cuadernos baratos. Vuelve a hacerse de noche y estamos saliendo de un sotano lleno de cojines y alfombras turcas envueltos en la atmósfera del narghile pensando en cual será el siguiente sitio. La hora de la pausa es para arreglarse adecuadamente para poder morir entre seres grotescos como en los tiempos de la bella Weimar.

Y ahí estamos, cada día más cerca de la Cara B del quinto elemento.