martes, 5 de mayo de 2009

«Canto las armas y a ese hombre que de las costas de Troya llegó el primero a Italia
prófugo por el hado y a las playas lavianas,
sacudido por mar y por tierra por la violencia de los dioses
a causa de la ira obstinada de la cruel Juno,tras mucho sufrir también en la guerra,
hasta que fundó la ciudady trajo sus dioses al Lacio;
de ahí el pueblo latinoy los padres albanos y de la alta Roma las murallas...»

Pero el último SBahn está averiado y media hora después ya me he leído todo el periódico. Sin billete y sin destino y el vagón acartonado como una enorme caja de zapatos. Cerca de mí el deficiente que pide vendiendo sus lástimas, el gordo de gimnasio con cuatro pelos en la cabeza, la vietnamita con pinta de haberse atizado unas cuantas bolas de opio. La situación es jodidamente estúpida y pienso que debería haberme quedado en Charlottemburg. Pero los que nos hemos quedado ahí somos todos una panda de pardillos con una paciencia digna de seis monumentos. Es la una y media, mi día de fiesta y necesito tomar una copa o voy a matar a alguien. El mono está a mi lado y me dice que nunca seremos buenos amigos si no aprendemos a aceptarnos. Odio al mandril y en el fondo deseo patearle el culo. Está pegando un frío del copón. El conductor se apea y quiere abandonarnos en ese desierto de puentes de acero. Entre varios lo immobilizamos y veo como lo abren en canal. Decido ir a pie hasta la Donckerstrasse mientras oigo como protestan contra la BVG. Estoy a más de media hora y desde ahí no tengo ni puñetera idea de como llegar a ningún sitio. Pregunto a unos turcos que intentan atracarme. Pero en ese momento un farlopero gay que aparece en el suplemento de los domingos los atropella mientras su hermano le hacía una mamada. El tipo empieza a sacar los papeles del seguro pero yo ya estoy doblando la esquina. Al final me encuentro en mi club unas dos horas y media después de lo que dije. Un enorme rótulo con letras rojas dice FREAK SHOW. Me encuentro con el espectro de Riccardo que me dice No entres! Pero la puerta ya está abierta y una mano enorme me coge como a un muñeco y me tira a una pista negra con un montón de gente vestida de negra y bastantes problemas psicológicos. La misma puta mierda de siempre. Esta es mi gran Eneida en los mares de niebla, función de monstruos de feria que hablan como animales enjaulados. Los grandes y los parásitos. "Te crees muy listo, pero esas tías se te echarán encima para destrozarte. " "De momento se matan entre ellas. " Me saludan y voy dejando todas las armas encima la mesa para poder tomar una copa. El mono me dice que tiene que ir al retrete y desaparece. El clan de los italianos está casi al completo. Veo nueva carne de batalla y el amigo Ralph vuelve a apoyarse en la barra para preguntarme que tal estoy. A veces pienso que Ralph es solo una ilusión. En realidad Ralph no existe. Yo nunca lo he visto en otro sitio que no sea el Dunckerclub. Incluso creo que en realidad no lo conoce nadie. Snuffboy pasa por ahí con cara de no enterarse de nada, la carapán se cruza conmigo y le pido que suba por las escaleras y desaparezca de mi vista. Acabo en el patio y me encuentro a Holgo saludándome eufórico. Tanto que al verlo doy media vuelta y me vuelvo a la barra para mayor consternación de ese grajo. Deneuve no tiene el libro, Alexa me coge y me pregunta porqué no la llamé para hacer un café y en ese momento el Dj se acuerda de poner algo de Placebo. Creo que en ese momento todas las personas han desaparecido pero en realidad están bailando colgados del techo. Freak show. Un espectáculo de errores y horrores. Nada más cerca de la realidad. El forzudo que no es capaz de levantarla. El fakir que se clava cuchillos alegremente. La mujer que era un tío y el enano cabrón. La gorda que huele demasiado fuerte y el tirapedos más rápido del mundo. El hombre de las mil veces y los trescientos trastornos, los niños aplaudiendo a los monstruos. Los monstruos creyendo reír. Los monstruos se mueven, hablan, bailan torpemente. Van cayendo hasta que sólo queda uno. Suena Alabama song. Son las seis y media de la mañana. Estoy solo en la pista. No queda nadie más. Todo el mundo se ha ido. Estoy bailando y he ganado el premio.