martes, 5 de mayo de 2009

Mangalwar-5

Un martes demográfico entre los fogones de la cocina y los estudios sobre la población. Leo el libro sexto de la Eneida, en el que el héroe entra en los infiernos al lado de la sibila. Entonces pienso en las fotos que me enseñó Lilith Nightingale e imitando la idea de una blancanieves moderna, empiezo a diseñar las adaptaciones de otros cuentos clásicos en imágenes. Me salen unas series tan monstruosas sobre el papel que sueño en hacerlas de verdad para algún día montar una exposición con todas ellas. La rama de oro está en un florero encima la mesa, doblándose hacia la ventana. Me imagino llegando a Cumas junto a los restos troyanos. Me siento en la silla y repaso alguno de mis escritos, me río con algunos pero acabo haciendo tachones en las libretas. Pongo música y salgo a dar una vuelta, pero al doblar la calle tengo una idea y vuelvo a casa para reabrir un capítulo de la segunda parte de Irreverencia y añadir un detalle que hace que todo cuadre intentando hacer honor a la teoría del cubo. Celebro el éxito descorchando una botella de vino de mesa. Llega Deneuve y me pregunta qué capítulo estoy escribiendo exactamente para recordarlo el día en que lea mi novela en alemán. Le digo que este mes he empezado trabajando en las dos versiones de la Cort bubònica, pero que pronto me pondré a rescribir los episodios en Roma, porque a estas alturas ya veo que han quedado muy flojos, y me doy cuenta de que debería aprender a describir mejor los paisajes. Ya me dijeron que una cosa en la que se fijan mucho las casas editoriales es en como describes una atmósfera, pero en el género histórico eso supone asumir muchísimos riesgos. De golpe Gunnar prepara café para todos y se comporta como si fuera un croupier de Montecarlo con medio cigarrillo en la boca repartiendo ases a los distintos participantes. Pongo unos videos de la new wave y me permito saborear una pausa.