sábado, 7 de noviembre de 2009

Sois jodidamente buenos! Nos gritaron mientras nos tiraban fotos con la Polaroid. La griega hizo unos cambios muy buenos y me costó seguirle el ritmo, pero en cuanto pude entrar en el carril de aceleración ya me sentí de lleno circulando por la Autobahn. Aquello estaba tan a tope de gente que ya no cabía nadie, bebían como posesos intentando combatir la depresión de otoño, se cometían sonadas infidelidades en cuanto el partner se iba al baño y se montó una orgía en las mesas de enfrente que no escandalizó a nadie porque todo el mundo estaba bastante dope. Y nosotros pusimos la música por dinero y haciendo lo que nos dio la gana, como en la época de los cabarets. Le dedicamos todas las fuerzas a hacer levantar a la gente y a contribuir a la euforia general, bailando en la cabina y peleándonos con las máquinas. Fue adrenalítico. El Dj del CCCP llegó y se quedó entusiasmado al ver toda aquella fiesta, fumándose el alma. "Es en el Lido donde hay que meter la música, a diez metros de aquí", le solté a la griega mientras bajábamos la noche y poníamos los últimos temas. Y el puto conejo blanco pegó el cierre, Grace Slick cantaba Feed your head, feed your head, mientras las camareras nos entregaban sonrientes a cada uno los euros y el tranvía llamado deseo me esperaba dos calles arriba, en el principio de Berlín Este. Algunos vomitaron sus fiestas en el vagón, otros filosofaban con el compañero cayéndose de sueño y otros se aislaron de las frustraciones en el formato mp3. Llego a mi calle con la maleta a cuestas mientras el día parece asomarse.