lunes, 23 de noviembre de 2009

He descubierto un nuevo tipo de demencia. Trabajar enf3rm0 perdido comporta destellos de lucidez. Y a veces incluso encuentras sorpresas. Aquel a quien odias es a quien te asemejas y odias verte en él porque es a ti a quien verdaderamente no puedes soportar. Una de las pocas virtudes que tengo es la de poder llegar a llevarme bien con gente con la que no trago. Hoy me ha tocado trabajar otra vez a solas con el psicópata. El psicópata es un personaje muy complicado porque puede explotar y matar todo lo que encuentre a su alrededor. Un tío muy chungo al que algunos cariñosamente llaman el nazi y que raramente curra con nosotros porque lo suyo es estar en la puerta de una discoteca y reventarle la cara al primero que tenga pinta de extranjero o sea un poco sospechoso. Sin embargo trabajar con el psicópata implica que la noche va a ser tranquila, porque le tienen tanto miedo que nadie entra a pedirse una cerveza. Siendo sinceros, no he sido cliente del sitio donde trabajo porque la segunda vez que fui el psicópata me echó a hostias, por lo que si me caía mal era porque tenía unos cuantos motivos. Hoy he entrado con una cara de muerto al trabajo que podía leerse me muero a dos millas de distancia. Lo primero que me suelta el tío es que esta noche como trabajo contigo sólo va a sonar Bowie, nos lo vamos a pasar bien. Porque mal lo estaba pasando.
Lo único que me he despertado de noche en el suelo del cuarto de baño con la ropa del curro. Lo más fuerte es que creo que mi compañero de piso, el islandés, se ha estado duchando tan tranquilo sin importarle tres carajos mientras yo estaba ahí abatido. La verdad es que ese es un tío que pasa bastante de todo, pero a unos niveles impropios de la raza humana, por lo que a veces pienso que en realidad es un infiltrado y que lo de Islandia es un cuento porque nadie ha ido ahí para comprobarlo. El caso es que yo estaba muriéndome abrazado a la taza del water y el musli que le había traído estaba todo por el suelo y en cuanto abrí los ojos fue lo primero que vi y pensé que eso era la pedazo potada que quería pegar al volver dando tumbos a casa, pero no, era su musli, y el cabrón encima que lo cuido siempre en lugar de hacer algo se pega una ducha y se larga, por lo que al final resulta que me despierto con el teléfono zumbándome en la pierna y me estrañó que haya estado tirado tanto tiempo ahí, pero este apartamento es como el Club de la lucha, un caos absoluto y yo me deprimí porque no tenía ganas de currar aún una vez más, porque creo que ya he ganado la maratón y hasta los paralímpicos, por lo que eso de ganar un bonus lo puedo dejar para las máquinas de matar marcianos porque hoy estaba hasta los huevos de estar siempre pringando. Llego y tengo a Bowie con We are the dead, que de las suyas es mi canción favorita desde que vivo en Berlín y curiosamente descubrí que también es la que más le gusta a Marilyn Manson, pero últimamente estoy ya bastante orwelliano como para cargar aún más las tintas, por lo que realmente el Gran Hermano a parte de estar observándome me tiene bastaen proceso de aniquilación. Pronto voy a ir por el pasillo con la peluca y los dientes postizos diciendo que lo amo pero que por favor me pegue un tiro ya.
Pero precisamente de Bowie hay una frase que me gusta mucho y que me ha ayudado a entenderme: "Yo no soy religioso. Soy una persona espiritual. La diferencia entre una persona religiosa y una espiritual es que alguien religioso sólo lo es de verdad cuando cree en la existencia del infierno. La persona espiritual es aquella que ya conoce el infierno."