lunes, 1 de junio de 2009

¿Dije que era mi día libre? Estaba de broma. En realidad volvía del trabajo completamente mecanizado, con un ruido de friegaplatos en marcha girando dentro de la cabeza como si se tratara un tema de Einstürzende Neubaten. Aquí estaba completamente aniquilado en mi colchón de cuadros escoceses rodeado de las flores marchitas de abril y todos los libros cayendo del escritorio y el suelo de madera cuando mi jefa me vuelve a llamar. No podía dar crédito a lo que oía. Mi único día libre y me llaman para cubrir una emergencia. Siempre pasa lo mismo: juegan a hacerte la vida imposible y al final acabas salvándoles el culo. Los muy capullos se pensaban que nunca aprendería el oficio a SU manera y ahora me encanta que vean hasta que punto las propinas son casi el doble que cuando no trabajo, porque este europeo de segunda es el ídolo de las ancianas, las madres solteras, los turistas y los maricones de la vecindad. Almenos tomo buen café, desayuno algo decente que me pasan mis compañeros de la cocina y escucho a la Velvet Underground. P.- Berlín es una ciudad muy distinta a la ciudad que vio nacer a Einstürzende Neubauten. ¿Cómo es la ciudad hoy en día?
R.- Bueno, las ciudades donde está el Gobierno están regidas por leyes completamente distintas al resto de ciudades. Hay más seguridad, además de que el turismo, los negocios y el capitalismo están más presentes que en cualquier otro lugar. Creo que Berlín vive de las rentas del pasado, pero todo lo que era genial se está apagando. Por ejemplo, la escena de clubs que produjo grandes obras de arte visual ya no existe. Ahora es muy difícil encontrar un local de ensayo o un estudio de grabación, incluso sitios donde tocar. Ahora la gente sólo habla y no hace nada. La reputación de Berlín es suficiente para que algunos sigan haciendo dinero. Pero si miras en el interior, no está pasando nada.