domingo, 14 de junio de 2009

Se hace de día y me duelen los ojos. Son los trinos, el sótano con las lavadoras y los trapos, el frío o saber que mientras yo barro la calle algunos empezaban a volver de fiesta. Algunos solos, otros muy mal acompañados. En sábado es cuando se dan más números de teléfono, se usan más condones y se dicen más burradas. Va todo canalizado aquí como en todas partes. Toma tu dosis y aprovecha el recreo. Nosotros ponemos el marco y yo cargo las cajas de cerveza mientras tenga espalda. Así os jodan. Sintiéndome fuera de todo he tenido que dejar de escribir por no poder contar nada. Es como si me hubieran cortado la lengua. Te metes en la caverna y oyes las cadenas arrastrándose entre las sombras. Ningún Sócrates puede decirte que lo que ves somos nosotros. Asumes la argolla y cierras los párpados. Luego trabajas para volver a trabajar y no miras atrás para no pensar en la oportunidad malograda que tuviste en una ocasión. Es la primera vez que sientes que te pareces a los demás. O almenos sientes por ti lo mismo que sentIAs por los demás. Una anulación completa. Mi vida transcurre en una corta calle. Esa calle vomita en una plaza llena de vagabundos alcohólicos y niños en cochecito. Todo lo demás implica gastar un dinero que no existe por lo que al final giras la manzana y vuelves a tu portal. Eso significa ser pobre. Pienso en los Comedian Harmonists o en Max Raabe. Me encierro en mi habitación. Voy al supermercado cuando tengo hambre y miro las etiquetas y los precios. Me fijo en la fauna. Al final todos nos encontramos en Penny. Los turcos y los nazis. Me saco el doctorado de lo que se puede hacer con un euro. Veo un ratón saltando en los adoquines. Lo imagino muriendo ahogado arrastrado por los detritos, aplastado en los túneles de la cloaca. Sigue amaneciendo. Todos deben haber bibido, con b.
Decíamos que algún día todo el maldito mundo sería nuestro. Pero ese mundo ya no existe. Se lo llevaron los hospitales, el fondo de botellas cada vez más malas, monotonías preparadas para nuestro subdesarrollo y noches amargas que morían en borrones de tinta. La apuesta ere fuerte porque era a una sola tirada y a cara o cruz. Como diría Wilde, ambas soluciones son igualmente trágicas.