sábado, 21 de febrero de 2009

Descarriando a la madrugada

Las partidas ficticias con los Mann siguen cobrando sus ases. Es una competicion contra el cuerpo, una lucha constante contra el sueño, el ascetismo del dandy, o de su malograda pretension. El salto de pertiga tiene algo de carrera existencial. La vida vivida como un largo impulso para alcanzar la otra orilla. Mezclo las cartas y las voy repartiendo encima la mesa. No se admiten apuestas. Esta la juego solo yo. Maquiavelo buscaba conversaciones con Dante y Petrarca durante su egregio exilio en el campo. Pero si yo pudiera elegir me buscaria contrincantes, por mero cinismo. A traves de las nieves perpetuas veo gente de distintas procedencias, dandome cuenta de que equivocado que estaba viendolo todo desde el prisma. Las multitudes han acudido aqui, y de cuando en cuando hablan de realidades que yo no hubiera conocido, e intento poner interes.

La nieve que lo cubre todo intenta volverme paciente. Mientras quede fuego en nuestros ojos. Cuando se fundan las nieves, solo entonces, podremos salir de nuestros castillos anegados de invierno para presentar batalla. Las cartas se van mostrando. Este año todos tenemos que demostrar lo que somos. Persistiremos, lucharemos hasta el final. Empiezo a entender Demian. Abri las primeras paginas del Lobo estepario y pude darle la vuelta. Son los libros que me lleve, los que encotnre en la vieja biblioteca de este piso alquilado. Dicen que hace diez años todo era clandestino en Prenzlauer, las tiendas, las casas, los clubs. El encanto de aquello ahora lo buscan en Neukoln, en Lichtenberg, donde es imposible que se reproduzca todo ese fenomeno. Y a mi me da completamente igual. Seguire paseandome con esa baraja del siglo dieciocho, jugando solitarios cuando no quiera conversar. En mi habitacion los discos de vinilo giran en forma de sinfonia mientras la nieve sigue esparciendose por doquier como en cascabeles de cuento. Prenzlauer entero es como las paginas centrales de un libro desplegable, formando inmensos decorados de papel y carton. Ahi la joven de las cerillas y por el canal el soldado de plomo. Si tuviera invitados en mi habitacion prepararia cafe para Kaestner, Hesse y los Mann.
Les diria que ya no duermo mirando el techo como un cielo abierto en el que dibujar ciudades que jamas conoci, sino que me acuesto de dia despues de haber pasado la noche escribiendolo. Amanecera de nuevo y dare mi vuelta por la Helmotplatz con mi mejor ropa. Saludare a los vecinos, sonreire con los ojos y volvere al piso para acostarme. Asi estan cayendo uno a uno los capitulos. Cerrando solitarios.