sábado, 13 de diciembre de 2008

1937

Y despues de un breve encuentro con lo que queda de Bertoldt Brecht, la iluminacion aparecio practicamente desde las ultimas filas. A orillas del Spree terminé de perfilar la trama, y ahi estaba: de nuevo y una vez más Smoboda le tiende la mano al Teatro: una nueva opera se prepara a escasos metros del muro.
En el tan apacible barrio de Prenzlauer Berg y en tonos casi idilicos, la vieja idea de escribir un cabaret regresa con mas fuerza que nunca. Berlin es cada uno de esos escenarios. En cada bar una musica practicamente desconocida ocupa la hora del cierre. Todas esas canciones recogidas en tiendas de antigüedades han contribuido a ello de forma decisiva.
Existe un lugar al que voy todos los lunes, cada dia tiene lugar una fiesta. Normalmente me presento con ganas de tomar algo y bailar. Todo es vano, amable, sencillamente delicioso. Al dia siguiente todo el mundo tiene que ocuparse de sus menesteres y presentarse puntualmente a su lugar de trabajo, pero esa dulce emancipacion, tan breve como fructifera, es uno de esos pequenyos pecados que uno no puede dejar de permitirse. El momento de gloria es por primera vez en anyos tranquilo, practicamente vacuo, totalmente perfecto. Al lado la via del tren, perfecta para un film de horrores juveniles, una casa casi abandonada con un jardin cubierto de hierbajos, las fachadas de viejas fabricas de mahon. Si me dicen qu estamos 70 anyos atras lo creo. Los arboles aparecen carcomidos y siseantes al viento. Pero la musica es perfecta. La musica que nos cuida y nos acompanya a casa. Si, definitivametne todos tenemos grandes preocupaciones con las que alimentar nuestros quebraderos de cabeza. Pero una pausa es siempre algo hermoso.
Tengo un monton de papeles repartidos entre la cama y la mesa de la habitacion. Nuevos personajes aparecen entre bambalinas confesando sus errores a las candilejas.
Esto es Berlin. Un justo y merecido exilio literario.