viernes, 21 de noviembre de 2008

Desde Eberswalder Strasse

Ningún motivo para no escribir. El silencio no puede devorarlo todo. El frío no puede aplacar a los ojos sin párpados. Alguien vino aquí para observar, para caminar solo, cursar el el antiguo centro de una ciudad que pasó de la ruina a epítome de una modernidad desencajada. Un caballo al que se le augura convertirse en cosmópolis. Pero todavía dista y aún es posible encontrarse con todo lo que es Europa. Porque existe un continente nocturno y un lugar por el que ha pasado gente que ha dicho quien representa que debería ser el hombre. Mi obligación es observar y estudiar todos estos puntos de vista bajo las barreras culturales y el desentendimiento de Babel. La belleza de lo gris sin embargo, por ahora puede más. Y estoy dispuesto a seguir paseando por estas avenidas frutos del esfuerzo por sobreponerse a épocas y a nuevas épocas. Piso a piso, creando siempre un nuevo eslabón. No en vano aquí enterraron a Hegel. Y el pensamiento pervive, el idealismo está ahí latiendo bajo el acero de los puentes de la S-Bahnhof.

Este es un nuevo itinerario. Un nuevo viaje por todas las paradas que existan. Quisiera hacerlo de la mano de alguien para olvidar los guantes. Pero pensaré que estoy cerca de ti. Y de ti. Y de tantos de vosotros. Y en cada momento iré encontrando nueva gente con grandes y pequenas historias.