domingo, 10 de abril de 2011

Gentrifuga2

Pese a tener muy claro que "no hay que cantar a la rosa sino hacerla florecer en el poema", sigo sin haber publicado ningún libro. Eso me convierte en un escritor bilioso y amargado. Medio año no significa ningún salto, tan sólo pasos y muchos cigarrillos. Dejo a medias muchas novelas como quien exprime naranjas a las ocho de la mañana y me quedo con lo que apunto en mi cabeza a punto de estallar: Berlín apesta a fracasos. La sociología impecable de Prenzlauerberg me obliga a tomar el M10 hasta su última parada con tal de alejarme de todo. Ya no escribo en los bares con mi cuaderno, sino que me escondo en bistrots, o dejo notas en los paneles que hay en los supermercados.

Anuncios imposibles.


Pululo por Fschain. Un clon del distrito vecino con el cinismo de creerse algo. La gente que vive ahí siempre me suelta la misma mierda. Al cabo de unos meses se tienen que largar todos porque los echan de los pisos. Gentrificación.

Nosotros la hemos creado. Nuestra pequeña aportación ha sido tan valiosa como los dividendos que unos pocos percibieron con la crisis financiera.

Incluso los antiguos edificios estalinistas están muy cotizados. Ahora es un lujo quedarse a vivir ahí. En otro tiempo el Partido te enviaba a esa ratonera con la fachada de azulejos dorados y encima tenías que dar las gracias.


Paseo por Kreuzberg, el paraíso de la diversidad: me lo encuentro a reventar de españoles con rastas, diseñadores queer, turcos cargados de chatarras, adolescentes escandinavos y gente tan variopinta que pide a gritos encontrarse con un cool hunter. Me provocan arcadas. Quizás todo eso fue mítico, pero eso es pasado.


Llevo a un grupo de valencianos por las escaleras del Tacheles. Evidentemente ya han clausurado el café y los cines y pronto lo van a desalojar todo como llevan ya años diciendo, pero es un lugar turístico y el centor social más famoso de Europa. Nada que ver con la legendaria comuna uno de la época de Uschi Obermaier. Las guías dedican párrafos y fotos a la Oranienburger strasse y los chicos me piden que los lleve ahí. Evidentemente el tour lo terminamos enfrente del Check point Charlie y para ser precisos al lado del Mc Donald's. Me pagan generosamente por la charla y tomamos juntos un Currywurst. Me resultaría difícil hablarles del futuro si no fuera porque no he dejado de creer en él.


Todo el mundo habla de una nueva zona que siempre existió. Precisamente en el norte de uno de los distritos más superpoblados: Neukölln. Debo decir que la primera vez que estuve ahí no me impactó. Fue una breve visita a su ayuntamiento. Tampoco en la segunda ocasión. Simplemente no me gustaba la zona. Pero el circuito alternativo se desplazó de Kreuzberg hacia abajo y entró en lo que era la periferia de este lugar, por lo que la palabra Kreuzkölln pasó muy pronto a ser sinónimo de cool aunque los nuevos garitos fueran lugares casi improvisados, la farándula auténtica chusma como lo fue Prenzlauerberg en los 90 y el tráfico de droga el menú del día. Para mí no hay marcha entorno a la Hermannplatz, es un perímetro tristísimo que ha tomado el relevo de todo lo interesante que dicen que aquí siempre se cuece. Pero siguiendo la regla, si todo tiene que desplazarse hacia el sur, lo mejor que puedo hacer es dirigirme hacia donde todo eso todavía no ha llegado: al final de la U8, en la Hermannstrasse. Ahí, en una zona que rodea tres cementerios y a la puertas del parque de Tempelhoff está el salvaje oeste. Existe un lugar de época llamado Rixdorf, apenas visitado, de donde proviene una de las pocos bebidas carbonatadas genuínas de esta ciudad, me refiero a la Rixdorferbrause, que es como una tónica con sabor a hierbas. Eso es como un pueblo en mitad de una mastedóntica área de Casinos y puestos de comida barata, peligrosas Kneipe llenas de perros ensuciando las moquetas y alcohólicos cuarentones con aspecto de formar parte de la decoración. Ese lugar tan horrible es territorio virgen. A un lado Rixdorf, al otro la calle Karl Marx (amalgama de todo lo inconcebible) y al fondo Gropiusstadt, de donde era originaria la famosa Christiane F. y en donde podemos observar una de las peores pesadillas del racionalismo en la construcción de viviendas.


Es en esas extrañas coordenadas donde he empezado a econtrar un nuevo refugio cuando no estoy trabajando detrás de la barra, llevado a turistas por el centro de la ciudad o pinchando en algún club. Bowie le dedicó una canción para el álbum Heroes y cada vez me doy más cuenta del porqué. No me ha importado claudicar. Era el siguiente paso. Una amiga mía sostiene que ahí fue donde él quiso ser antes que nada un ciudadano del mundo, pero yo lo único que veo ahí es una auténtica desprogramación y eso me gusta. Ese lugar no está contaminado por las tendencias y lo que me era más necesario era poder alejarme de todos esos sitios en donde todo el mundo se está exhibiendo constantemente. Ya dije que no tenía ganas de conocer a gente nueva porque en mis trabajos estoy todo el día tratando con gente. Normalmente me encerraba en la habitación cuando tenía libre para no tener que ver a nadie, pero eso no podía hacerlo siempre.


Pasar desapercibido en la nocturnidad para poder escribir algo que todavía no se ha hecho. Esta locura tiene muchos precios, pero lo vale todo.