viernes, 30 de octubre de 2009

Para quien todavía se crea a los medios. Ahí va una noticia del 26 de octubre del 29. Nada más lejos de la realidad. Y bastante parecido a nuestra realidad. Aún más idiotas por creernos una misma mentira.
De vuelta a casa, pero no a (IT)aca. Tres días en el ghetto de Cracovia escuchando música yiddish, temblando de frío ante la cueva del dragón a los pies del palacio del macbetiano Ubú y comiendo sopa servida dentro de un pan redondo como la que preparan delante del teatro, siempre escapando de la niebla baja a primera hora de la noche, arrinconándome entre muebles viejos y retratos de los antiguos residentes del Kazimierz, los deportados de miradas oscurecidas como si de antemano ya conocieran lo que el tiempo les deparaba. Los mejores cafés estaban tan escondidos que había que entrar en los patios de las casas y cada hora la melodía de la trompeta flotaba hasta detenerse en el mismo punto. Dejé la mitad de las cosas en la habitación y en el contenedor y me volví con lo puesto y los libros que había comprado, porque he vuelto absorto en la lectura de las leyendas que rodean la ciudad encantada y la mayor plaza de Europa, parecida a un tablero del medievo abandonado en mitad de la partida. Me quedé sin poder entrar en las minas de sal que quedan ahí recordándome que hay más magia por conocer y llego alucinado a Colonia, donde escapo para poder ver la catedral y quedarme ahí delante sin hacer nada, sólo el momento y la impresión. Tras una complicada red de trenes, metros y aviones vuelvo al Este de Berlín donde la gente de Prenzlauer está terminando la jornada. Sólo unos días y mis compañeros de piso me habían echado de menos. Conversaciones en la cocina tomando vino y cigarrillos polacos.

domingo, 25 de octubre de 2009

La locura del militarismo prusiano

Muchas veces se ha dicho que el siglo XVIII tuvo a Prusia como protagonista fundamental antes de que Madame Guillotine cambiara drásticamente el curso de la historia. Ese profundo interés en humanizar pero de forma ajena a los hombres, llevado a cabo por Federico el Grande, fue la manifestación en forma de ley del abandono definitivo de las ideas misántropas que hasta entonces habían estado tan en voga, hasta que el mundo quedó dominado por la apatía en los círculos de sangre azul. Federico fue uno de esos dirigentes cultos porque nunca pensó que tendría que dirigir, de hecho había sido desheredado y confinado por su padre, el mítico rey sargento, por desobediencia y por tocar la flauta con un apuesto teniente con el que planeaba escaparse y vivir como los faunos en unas bucólicas sólo imaginables en la mente de Virgilio nórdico, y sin embargo dotó a su país de las leyes más modernas y lo llevó a protagonizar los avatares más importantes de la política internacional.


El mismo Napoleón Bonaparte reverenció su sepulcro diciéndole a sus oficiales que de estar Federico vivo ellos jamás hubieran llegado tan lejos, porque como estratega militar, el rey de Prusia no sólo superaría con creces a su paranoico padre, el cual era más rudo y tozudo que otra cosa, sino que demostraría tener un talento inaudito sólo comparable al de Julio César, que no sólo le llevó a seradmirado por sus contemporáneos sino que aún hoy se le considera uno de los mayores genios militares después de convertir a la pequeña y espartana Prusia en una potencia capaz de decidir los designios de todo el continente. Pero el rey flautista es sólo uno de los muchos otros prodigiosos generales prusianos, militares de disciplina férrea capaces de hacer retroceder a cualquier contrincante aunque se encontraran en una situación de clara inferioridad numérica.

Así pues, no fueron Federico y su padre los únicos en destacar a su pequeño reino por los hechos de armas: Von Clausewitz es otro de los grandes, especialmente por el desarrollo teórico de su particular maquievalismo bélico. No en vano fue él quien dijo que la guerra es sólo la prolongación de la política. Y la tradición continúa a lo largo de todo el siglo XIX, durante las guerras napoleónicas, y posteriormente con la unificación de Alemania, en donde tras tres guerras meteóricas, los prusianos logran la formación de un nuevo país pangermano haciendo que su rey pasara a ser Káiser, e incluso dura hasta en la primera guerra mundial, en la que Hindemburg llegó a ser visto como un héroe nacional al remontar batallas perdidas de antemano con un aplomo digno de admiración, por lo que podríamos decir que el mito de la escuela prusiana era tan grande como lo ha sido el del gentleman inglés, incluso igual de dispar, porque muchos de estos grandes hombres no tenían mucho que ver con esa erguida figura enfajada y almidonada que pasaba revista con mirada recta y penetrante:


El general Gebhard Leberecht von Blücher es famoso por haber sido el hombre que comandaba las tropas prusianas en Waterloo (1815), en la que pese a que sea recordada como un combate en el cual Napoleón, según la leyenda aquejado de hemorroides y por tanto más pendiente de salvar el culo que la bandera de Francia, pasó horas intentando hacer fractura en las líneas del Duque de Wellington, fue sólo con la carga de Blücher cuando se decidió el final de una partida que podría haber quedado perfectamente en tablas. Aún así, Blücher distaba mucho de esa rígida figura de gran general, porque si tenía que luchar realmente contra alguien era consigo mismo y su demencia, que la estaba padeciendo a unos niveles inauditos a sus más de setenta años de edad y unos cuantos grados de veteranía fundidos por la irrealidad más absurda. Blücher, que había sido uno de los grandes en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), era lo que los historiadoes llaman "un charlatán imprudente, un jugador frenético, y un psicópata". Padecía de melancolía senil, y delirios paranoicos. Creía por ejemplo que, a causa de sus pecados, estaba embarazado con un elefante. Otras veces se desplazaba en puntillas o saltaba para no quemarse los pies, porque estaba convencido de que los franceses habían sobornado a su servicio para que calentaran el suelo de su habitación". Luces y sombras de la deslumbrante cultura prusiana, muchas veces y a menudo protagonizada también por gente de muy pocas luces, al igual que en nuestra historia y prácticamente en todas las demás, lo cual me lleva a pensar que no ha sido la única vez en que las personas han sido dirigidas por auténticos enfermos mentales en dirección a un barranco o a un éxito rotundo, pero siempre de forma casual, no causal como se nos da a entender. Incluso pienso que hoy más de seis Blücher andan por ahí sueltos dirigiendo la política internacional matando moscas a cañonazos con un orinal en la cabeza.
Hace diez años escribí una historia de vampiros con la estructura de las Matrushka. El último círculo se cerraba en Cracovia y en Berlín. Volví a releerlo todo y me horroricé ante la inocencia de esos años. Sin embargo había una cuestión de fondo y era el hecho de insitir en lo insoportable de la perdurabilidad, lo cual representa el drama contrario al de la tragedia, donde lo grande es alcanzar la muerte en el momento sublime. Sin embargo una década más tarde mi desinterés por los vurdalaks es tan grande que dejo apartado ese trabajo por estar mucho más interesado en otras cosas. Los vampiros permiten tocar tres temas que interesan: la evolución histórica, la muerte y la sexualidad. Siempre venderán. Es el monstruo que el hombre ha creado a su imagen y su semejanza para encarnar la parte más oscura del ser. Y desde que conocimos el poema de la novia de Corinto, la imprenta se ha aficionado a esos seres sobrenaturales de una manera harto rentable. Bela Lugosi lo vistió con capa y traje de fumador, el berlinés Max Schreck ya lo dibujó horrible en su día y el de Lon Chaney fue quemado al poco de su estreno por haber inspirado la ejecución de un asesinato real, por lo que sólo conservamos algunos fotogramas.
Volver del trabajo para volver a pasar la mirada por todo lo escrito es una experiencia encantadora. Es como cuidar de una parcela o vigilarla girando alrededor de sus lindes, una manera de relajarse o de encontrarse uno mismo con aquello que es. El hecho de separar de mí aquello que escribo y de no permitir rasgos de mi personalidad en aquello que hago, me hace sentir bien, porque me demuestra que a veces soy capaz de mirar hacia otro sitio y también de sacar algo nuevo que no está ahí. Cada vez meto menos verdades disfrazadas, simplemente no las necesito, es más, esas nuevas realidades hacen mayor a aquello que ya existe.
Amanece. Los tejados parecen haber llorado mientras casi todos duermen. El cielo se muda y el camión de la basura llega puntual para sacar los contenedores de los patios. Las nubes están llegando al suelo como errabundos cansados al final de la noche, tras una fatua y vana pasión.

sábado, 24 de octubre de 2009

A tres días antes de largarse. La música está al máximo volumen desde hace horas. En pocos minutos toca trabajar codo con codo como quien cava trincheras. En tres días la catedral de Colonia y después a las puertas de Cracovia. Este tour lo promete todo. Después de hacer arder una pista de baile hay que reverenciar el ghetto, que es de donde venimos.

jueves, 22 de octubre de 2009

Este tipo si que era grande aunque no se diera cuenta. Almenos era lo que era y los tenia mejor puestos que muchos otros.

martes, 20 de octubre de 2009

lunes, 19 de octubre de 2009



V
Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana,
esfuérzate para ser feliz hoy.
Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna
y bebe pensando en que mañana quizá la luna te busque en vano.
Omar Khayyam

Sólo una cosa puede hacer que el muro vuelva a caer veinte años después: la visita de mi amigo y maestro Fernando Franco, el Tusitala moderno. El hombre capaz de emprender un viaje para poder ver con sus ojos aquello que le describían las cartas, sólo porque sabía que tenía que estar ahí. Nos conocimos hace unos cuantos años cuando trabajamos en ese maravilloso proyecto para la televisión local llamado "La fàbrica" y basta decir que de ahí a ayudarnos siempre que hiciera falta bastó sólo un paso. Recordaré la entrevista que le hicimos antes de su show en el que nos reveló que culturas que vivieron durante prácticamente toda su historia completamente aisladas del mundo compartían en cambio idénticos cuentos infantiles de la tradición oral. Asistí prácticamente a cada una de sus actuaciones esperando a que recitara el de la muñeca de Kafka, que de todo su maravilloso elenco es el único que trata sobre la pérdida y recuerdo cuando le traje aquella antología de cuentos de la dinastía Tang, la cual ya conocía. Si algo he aprendido de él, es que es verdad lo que dice el proverbio chino: un hombre sólo tiene la edad de la mujer a la que ama. Cuando hablamos por teléfono y me dijo si deseaba que me trajera algo, le contesté lo mismo que en su día Händel le dijo a Riccardo Broschi: traed papel, tinta y vino. Hay mucho que trabajar.
- Si te vas a Polonia deberías ver Auschwitz.
- Jaque mate.
- Espera, de dónde viene esa reina.
- De ahí. La tenía ahí y la he movido a ahí.
- No, no, la reina no estaba ahí.
- ¿Gunnar, tú las has visto, no? Dile donde coño estaba la reina.
- Emm... I’m sorry man... but...
- Esta partida no vale.
- Ya empezamos.
Esa fue la pausa del trabajo. Mi reloj marca las ocho y media de la mañana. Llevaba ahí desde las seis y de la tarde y sin embargo tengo mejor aspecto. Es la primera vez en siglos que vuelvo a verme el blanco de los ojos, todavía no cristalinos, pero mucho más cerca de ello. Llego a casa con el dinero, el vil dinero, y lo escondo junto al resto de la caja de resistencia para lo que no me traiga el porvenir. Se ha hecho de día casi sin darme cuenta y se hará de noche aún más pronto.

sábado, 17 de octubre de 2009

S- Sabes que la habitación es una metáfora del alma: Y la tuya es perfecta, pero porque tienes todo ese desorden escondido por todas partes.

K- Yo siempre había entendido que era por como llevábamos los zapatos. Tu cada mes te compras unos nuevos y tiras los otros. ¿Cómo se llama la nueva?

lunes, 12 de octubre de 2009

Llego a casa mientras graznan los cuervos. Pese a las ojeras me han dado buenas propinas. La ciudad entera se vende por nada. Como toda cosmópolis. Alejandro se escandalizó cuando al llegar a Babilonia los padres prostituían a sus hijas en los portales de las casas. Los de Prenzlauer aparecen oscuros y abiertos y rudos operarios descargan los contenedores. Sólo se respira la humedad después de una larga noche de lluvia como sólo podría suceder en la nueva estación.

domingo, 11 de octubre de 2009

Y no caerás en la tentación. El chico volvió del trabajo a las cinco de la mañana. En su cabeza tenía todas las conversaciones de los últimos días.
-No sé (largo e ininterrumpido silencio).
- Sin beber tampoco podría quedarme más de media hora aquí.
- Oye, podríamos meter música juntos. ¿Cuándo es la próxima vez que pinchas ahí?
- En las elecciones sólo hay una elección y es el Partido de los trabajadores.
- A mí me da igual lo que piense tu colección de tías del Duncker.
-Si a finales de mes pasas el examen cobrarás cincuenta céntimos más la hora .
- Sabes que estudié ballet cinco años en San Petesburgo?
-Perdona que no te llamara.
- Hey man, are you working tonight?
-¿Tienes myspace?
-¿Por qué le han dado el Nobel a Obama?
- Yo estuve en Barcelona. ¿Cómo es que vives en Berlín?

Música y postales de época. La idea de una obra de teatro que nos salve de la posible ruina es el poco astuto plan del libertino de Hogarth. Y mientras preparo la maleta para la escapada al ghetto de Krakow en un estado de morburismo, el vecino vuelve a quejarse del volumen de la música, cosa que me parece maravillosa porque siempre será un placer joderlo, los fogones terminan de preparar el almuerzo desnudo y el gris depresivo cae de los balcones de la fachada de enfrente como la plebe saliendo hastiada de muerte por los vomitorios. Hace casi una semana pude evadirme en la intimidad del viejo Lichtblick Kino: Pasaban una reposición de Belle de jour y me pareció una joya ver a Catherine Deneuve atada en la pantalla grande, uno de los clásicos del cojo de Calanda que se quedan en la retina antes de que la navaja haga el resto. Nadie conocería a Ives Saint Laurent si no hubiera sido por esta obra que no envejece ni pierde su esencia.

viernes, 9 de octubre de 2009

domingo, 4 de octubre de 2009

Leonardo Da Vinci tardó siete años en finalizar su obra titulada "La Ultima Cena". Las figuras que representan a los 12 apóstoles y a Jesús fueron tomadas de personas reales. Se dice que cuando se supo que pintaría esa obra, muchos jóvenes se presentaron para ser seleccionados. Tras algunos meses de búsqueda seleccionó a un joven de 19 años de edad como modelo para pintar la figura de Jesús. Durante seis meses trabajó pintando al personaje principal. Durante los seis años siguientes continuó su obra buscando y representando a 11 apóstoles; dejando para el final a aquel que representaría a Judas. Le costó semanas encontrar a un hombre con una expresión dura y fría. Un rostro que identificaría a una persona que sin duda traicionaría a su mejor amigo. Llegó a sus oídos que un hombre reunía estas características y que estaba encerrado en un calabozo de Roma sentenciado a muerte por robo y asesinato. Con un permiso, el prisionero fue trasladado a Milán. Durante meses este hombre se sentó silenciosamente frente al artista. Cuando Leonardo dió el último trazo a su obra se volvió a los guardias del prisionero y les dió la orden de que se lo llevaran. Cuando salían del recinto el prisionero se soltó y corrió hacia Leonardo gritando:
- ¡Obsérvame! ¿No reconoces quién soy?
Da Vinci lo miró cuidadosamente y respondió:
-Nunca te había visto en mi vida, hasta aquella tarde en el calabozo de Roma.
Llorando y pidiendo perdón a Dios el reo le dijo: -"Maestro, yo soy aquel joven que usted escogió para representar a Jesús en este mismo cuadro".



Lo mismo. Algunos acaban siendo los dos de este otro cuadro

viernes, 2 de octubre de 2009

Buscando un homeópata que me salve de los alfiles de la eugenesia. Suena Trent Reznor y me he arreglado para encerrarme en casa. El día sigue gris como una masa encefálica a punto de sufrir una embolia.
Existencia. Simple persuasión.