lunes, 28 de diciembre de 2009

Hace algo más de un año volvía a Barcelona como acabo de hacer, con el frío en el cuerpo y el corazón ardiendo intentando quemar todos los remordimientos que me habían dejado sin dormir y sin comer. Aquello que encontré en casa fue algo parecido a un desastre en lo sentimental y destinado a repetirse a peor en las siguientes ocasiones mientras me iba quedando sin dinero y la única opción parecía volver por donde uno había venido y probar fortuna con lo puesto. Durante algo más de un año reflexionaría largamente sobre la pérdida y los desencuentros, convenciéndome de lo inútil de los esfuerzos por salvar lo insalvable. Cuando los celos, la envidia, las decepciones, el egoísmo la vanidad y los muros se fueron alzando ya no hubo nada que hacer. Estando enfrente o alejados era practicamente idéntico.
La alfombra enrollada y yo golpeándola contra la pared intentando morder el polvo, la música quebrando la irresoluble paz de la madrugada más triste de la decadencia, todo imparable como el inicio del descenso, los golpes mellando los nudillos y el deseo de morir latiendo sobre negros corceles en sombras. Entonces vi que no soportaba la realidad ni mis fantasías, ni la distorsión de una paranoia provocada por el rechazo, la ausencia y la falta de afecto. La música de Brigitte Mira vomitaba que todos los hombres son unos criminales. Y sin embargo ellas son más que putas. Aquello se transformó en 1937. Los golpes de puño contra la alfombra, todo mi mundo destruyéndose. El amor se rió de nuestros personajes, de nuestras pretensiones, de todo. Me recordó que había nacido para perder y sólo para perder. Puedes conseguir levantarte, pero una mirada, una llamada, una frase de esa persona puede acabar con todo. Te romperás una y otra vez y sólo podrás pegarle a esa maldita alfombra porque todavía no quieres pegarte a ti mismo. Esa obra está terminada un año más tarde y veo que todo sigue tan inútil como siempre. Ahora seguiré escribiendo todo lo que tengo que acabar, que es mucho y a no mirar atrás.
Porque es absurdo. Absurdo. Absurdo.