viernes, 20 de noviembre de 2009

I got you babe...
I got you babe...
I got you babe...
G- Hey man, are you playing this fucking song again?
I got you babe...!
Kn- Guten Tag Herr Dj... Wie war gestern im Wohnzimmer?
Me duele el Gulliver y las piernas andan solas por la cocina. Una fotocopia de una fotocopia de una fotocopia. Suelo levantarme con Sonny and Cher mientras la máquina del café prepara soma negro. Balcones como jaulas penden bajo los tejados inclinados de la Schliemannstrasse y el hombre del cinebar ya enciende las lámparas para no sentirse tan solo y vacío. ¿Como será una proyección de otoño en el cine que tengo enfrente? Últimamente nunca entra nadie. ¿Y dónde van los patos cuando se hiela el estanque de Central park? Lo único que sé es que anoche trabajamos con los grifos rotos y que muchos vasos quedaron hechos añicos, como las esperanzas de alguien o los sentimientos de una persona cercana. Alguien lo está pasando mal, pensé. Tanto cristal por el suelo no era normal ni suele pasarnos. Quise salir y llamar a casa, a la familia y a las pocas personas que me importan. Pero me quedé limpiando. A la chunga que trabaja conmigo casi le da un infarto de comer tanto pastel y de ser borde con los clientes mientras otros sudan la tinta. Por supuesto que estaba enfadado: no me deja ni tener una puta crisis existencial en paz, se ahoga hasta en un vaso de agua y eso que ella es como la mierda, que siempre acaba saliendo a flote. Ayer mismo K volvió a llamarme para que le devolviera un puto libro y las bragas que se dejó hace dos meses en casa y que creo que mi compañero de piso usa de gorro porque le da buena suerte cada vez que compra discos por ebay. Recuerdo que en ese momento estaba sentado en un banco de madera mirando el puente sucio de la Eberswalder y el teléfono tuvo que joderlo todo. Hubo una época en que yo sólo entraba a una farmacia para comprar condones. Ahora creo que he entrado para pillar de todo menos algo que demuestre que tengo una vida interesante aparte de mis trece horas y media de trabajo y la gorda. Así que si luego a las diez de la noche encima llega la otra que desapareció con un tío cutre para tomarse una copa en el sofá grande de la sala de fumadores, que no espere que le explique qué tal me va todo. Ya ves tú, desperdigado, no hay quien pueda andar. Y si por la mañana estoy levantándome oyendo Sonny and Cher creándome odios entre la vecindad, tampoco quiero abrir la puerta de la habitación y rencontrarme que otra tía que conocí el año pasado diciéndome también lo de te he echado de menos porque voy a acabar pensando que esto es un complot del sindicato de tías. A esa directamente le he abierto la otra puerta y no la he echado por la ventana porque no quería estropear el buen tiempo. Así que llamémoslo SurRealismo o escenas de la naranja mecánica.
Pero el caso es que la gente entra y sale de mi vida como le da la puta gana con la puta manía en querer saber cómo me va todo cuando se acuerdan de mí.
Tengo a gente a quien echar verdaderamente de menos
Once there were mountains on mountains
And once there were sunbirds
to soar with
And once I could
never be down
Got to keep searching
and searching
Oh what will I be believing
and who will connect me with love?


El hombre de alambre sabe que hay 22 senderos.