viernes, 21 de agosto de 2009

Reflexiones acerca de la esclavitud:

Una gran tromba de agua impacta sobre los autos. Los balcones se están pudriendo como los palacios de Sintra, Lisboa y Coimbra, las plantas rerdecen y el café tiene mal sabor. Después de una noche en el lago me toca otra noche en la cocina, en la lavandería y en el sótano cargando sacos de hielo. Es posible que empiece un segundo trabajo a tiempo parcial vendiendo bocadillos en el quiosco de una parada de la S Bahnhof, aunque sinceramente prefiero lo de limpiar cristales.


Sí evidentemente Google sabe más de ti que tu propia madre.

"Todo lo que escribas, todas las fotos o videos que publiques, todos los datos que incluyas en tu perfil y toda la actividad que tengas dentro de la red social (grupos, páginas de fans, todo) pasa a ser propiedad perpetua de Facebook , no hay vuelta atrás". Incluso aquí. Todo lo que hacemos, todo lo que somos, deja de ser nuestro.


He empezado a leer un libro sobre la crisis económica. Evidentemente me he horrorizado tanto que lo he cerrado para no amargarme más el día. Recuerdo lo que leí en un noticiero en el que se recordaba que la DDR llegó a ser el país europeo con el mayor número de suicidios. En el mundo sólo lo superaba Japón.


Después he pasado a leer algunos artículos sobre el encarecimiento de los alimentos (porque es el nuevo mercado floreciente para la especulación) y me han entrado arcadas. El café directamente ya no sabía a nada.
Ha vuelto a llover y el reloj marca una hora incómoda: Tiempo para ducharse e ir al trabajo a menos que cuando me encierre en el baño en lugar de agua salga Zyclon B. Suena el más orwelliano de los temas de Bowie: "We are the dead".